miércoles, 6 de agosto de 2014

Capítulo 3

Alex
Sentía el agua fría por todo mi cuerpo y otra vez esa sensación de ahogo en mi garganta. Entré de nuevo en pánico. No recordaba cómo había caído ahí. ¿Qué había pasado? Mis ojos empezaron a cerrarse y de repente le vi. Tenía el pelo aplastado por el agua, y gotas de agua corriendo por toda su cara. Sus ojos mostraban preocupación, pero en ese momento había olvidado cualquier cosa por la que se pudiera ver así. ¿Te encuentras bien?
Me desperté. Estaba tumbada en mi cama y lágrimas corrían de mis ojos. Ha sido un sueño me repetí, ha sido un sueño. Me levanté y fui al baño a limpiarme la cara. Me miré en el espejo y le sonreí ligeramente a mi reflejo. Habían pasado dos días desde el accidente en la piscina y no había querido salir al jardín en ningún momento. A pesar de eso, estuve todo el tiempo asomada a la ventana de mi cuarto a ver si veía al chico en el jardín. Pero él tampoco salió.
Quería darle las gracias, me decía a mí misma, pero por dentro sabía que no era solo eso. Quería volver a ver sus ojos castaños mirándome fijamente y volver a sentir sus manos alrededor de mi cintura. Volver a escuchar esa voz cálida que me hacía sentirme segura. Sí, lo sé, sólo le había conocido por unos instantes, pero había sido suficiente para no dejar de pensarle.

Escuché ruidos del piso de abajo. Mis hermanos, por supuesto, ya estaban en pie. No entendía cómo se levantaban a esas horas, con lo que me gustaba a mi dormir. Bajé a la cocina. No había nadie ahí, ya habrían desayunado todos así que me preparé dos tostadas y calenté una taza de leche. Cuando ya estaba sentada y comiendo las tostadas saqué el móvil para llamar por skype a Cris. Seguíamos en el mismo país, así que también podría llamarla por teléfono normal y corriente. Pero hablábamos muchas veces durante bastante tiempo, así que cuando estábamos juntas en el pueblo nos acostumbramos a usar internet siempre que pudiéramos, para no tener que pagar tanto dinero. Lo cogió al segundo tono. En serio, esa chica estaba todo el día con el móvil en la mano, casi parecía una prolongación de su cuerpo. Lo alucinante es que siempre te prestaba atención y se enteraba de todo, aunque no lo pareciera.  Al segundo de ver a Cristina en la pantalla sonreí. Ahí estaba mi amiga de nuevo.
-Holaa -dijo con voz cantarina- ¿qué tal?
-Hola fea   -contesté para picarla- ahí vamos ¿y tú qué tal?
-No voy a hacerle caso al comentario de fea -dijo con una sonrisa aunque ésta no llegaba a sus ojos. En ellos se veía preocupación- ¿qué ha pasado?
-He tenido una pesadilla con lo de la piscina -le dije recordando lo agobiada que me había sentido en la cama, como si todo fuera verdad.
-¿Con lo de hace un par de días? -por supuesto, a Cristina le había contado todo al día siguiente, el día que pasó no me sentía con fuerzas de nada y fui a la cama sin siquiera cenar.
Asentí con la cabeza.
-Oh cariño, lo siento mucho -me miró con tristeza- pero ¿y qué, te ha salvado de nuevo el chico? -dijo levantando las cejas arriba y abajo.
Me sonrojé un poco pero aun así me reí, Cris siempre sabía cómo animarme.
-¿Lo has visto ya?
-No, aún no
-Bueno pues cuando lo veas le haces una foto y me la envías eh?
-Claro, cómo no. Me acerco a él y le digo "oye, muchas gracias por salvarme el otro día. Por cierto, ¿me dejas hacerte una foto? Es que mi pervertida amiga quiere darte el visto bueno"
-Hombre, yo utilizo otras formas de ligar al principio pero tú inténtalo, a lo mejor te funciona -me dijo guiñándome el ojo
Puse los ojos en blanco y me reí fuerte
-Bueno, te dejo que tengo que comprar algo que ponerme para mi cita de esta tarde -dijo sonriente. Ayer le pidió salir el chico por el que lleva pillada las dos últimas semanas. Me da pena no poder acompañarla de compras como hacemos siempre, pero no digo nada, ella está ilusionada y no puedo estar todo el día recordando que esas cosas las hacíamos juntas antes.
-Vale, cómprate algo sexy y pásatelo muy bien por la tarde. Ya me contarás mañana qué tal ha ido todo.
-Por supuesto. Chau! -hizo el ruido de un beso y colgó.
Me bebí el último trago de leche que me quedaba en la taza y me levanté.


Por la tarde ya me había decido por salir al jardín. No podía dejar que lo que pasó hace un par de días me controlara demasiado. Me puse el bikini aunque claro está, no me iba a bañar; pero me gustaba tumbarme en la toalla a leer y con el bikini ya de paso tomaría un poco más el sol. Cogí mi e-book y la toalla y salí al jardín. Me tumbé donde daba el sol y comencé a leer. Estaba leyendo "Hey idiot, I love you", lo había empezado ayer y me encantaba. Estaba metida en el libro, riéndome por las tonterías de Luc, me encantaba la pareja que haría con Nastia; cuando de repente escuché una voz a mi espalda.
-¿Qué libro estás leyendo?
Me giré y ahí estaba él. Iba con un bañador y la toalla enrollada al cuello. Tragué fuerte. Como iba sin camiseta, se le veía la tableta bien esculpida Mmm este es un dato que le gustará saber a Cris me dije en la cabeza, pero enseguida me di cuenta de en lo que estaba pensando y me sonrojé. Subí rápido la vista, esperaba que no se hubiera dado cuenta de que lo estaba mirando. Pero en cuanto sus ojos hicieron contacto con los míos, supe que debería haberme quedado mirando los abdominales.
-Eh, humm -mierda, estaba titubeando!- Hey idiot, I love you
Sonrió y contestó -Lo siento, no me suena
-Eh no, no es muy conocido, pero es un gran libro, a mi de verdad me encanta -le devolví la sonrisa aunque estaba segura de que el rojo de mi cara aún no se habría ido.
La sonrisa se le fue un poco de la cara y un destello de duda pasó por sus ojos
-¿Te importa si me siento a tu lado? -¿era eso por lo que se veía nervioso? ¡qué mono por dios!
-¡Para nada! Siéntate -le di una amplia sonrisa y vi cómo su nerviosismo desaparecía reemplazándolo por una sonrisa enorme y encantadora.
Colocó su toalla cerca de la mía pero dejando un cacho de separación.
En ese momento me acordé de la principal razón por la que quería verle y sin poder evitarlo me puse rígida. Me incorporé de la toalla para sentarme mirando hacia su lado, mientras él se sentaba en la suya pero de una forma mucho más casual.
-Eeeh, bueno yo... -miré hacia abajo mientras hablaba, mis manos arrancando hebras del césped por puro nerviosismo. Pero podía notar que él me estaba mirando a mí directamente y eso me hacía sentir...¿extraña? ¿diferente? No podría describir cómo me sentía en ese mismo momento- Quería darte las gracias -por fin las palabras salieron de mi boca- Ya sabes, por lo del otro día. Si no hubiera sido por ti me habría ahogado en esa piscina... -mi mirada fue hacia la piscina, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Cuando volví la vista hacia él ya no me estaba mirando. Tenía la mirada perdida y su cuerpo se había tensado.
-Por favor, no vuelvas a darme las gracias por eso -lo miré un poco confundida y abrí la boca para contestar, pero realmente no sabía qué decir- yo sólo hice lo que cualquier persona que lo hubiera visto habría hecho. -continuó- Y, no sabes el susto que me diste cuando te vi inconsciente en el agua -le miré a los ojos y esta vez sí pude reconocer la misma mirada que me dio cuando desperté apoyada en sus piernas.
Los recuerdos volvieron de golpe a mi mente y mordí mi labio inferior para frenar las lágrimas. No soportaba cuando la gente me veía llorando. Pero para mi desgracia, era de lágrima fácil, por eso sabía maneras de intentar dejar de llorar. Levanté la vista hacia el cielo y apreté los dientes más, hasta que sentí el metálico sabor de la sangre en mi boca.
-Eh! ¿estás bien? -me preguntó tiernamente. Le miré y todavía tenía esa mirada en sus penetrantes ojos. Se acercó más y colocó su mano en mi mejilla, limpiando con su pulgar la sangre de mi labio. Sentía un cosquilleo ahí por donde su dedo pasaba. Cuando fue a apartarse de nuevo coloqué mi mano sobre la suya. No estaba preparada para perder su contacto. Nos quedamos así, mirándonos fijamente a los ojos hasta que estaba más tranquila y las ganas de llorar habían pasado. Le sonreí y sus músculos se relajaron notablemente, sus ojos dejaron de mostrar esa preocupación y su boca subió por las comisuras formando una gran sonrisa. Solté a regañadientes su mano y él finalmente la dejó caer lentamente hasta colocarla en la toalla.
-Por cierto, -dije esta vez relajada y alegre- aún no se cómo te llamas.
-Dani
-Vale, yo soy Alejandra pero prefiero que me llamen Alex
Asintió -Escuché cuando te llamaba así la señora que vino corriendo. Era tu madre, ¿no? Os parecéis mucho.
-Sí, es mi madre. Se puso un poco histérica al verme.
-Normal. Yo también me habría puesto así si fuera mi hija.
Le di la razón. La reacción de mi madre había sido totalmente normal, y más aún recordando lo pasado hace años.
Pablo apareció corriendo hacia donde estábamos sentados.
-Dani, te presento a Pablo, mi hermano pequeño
-Hola campeón! ¿Cuántos años tienes?
-Holaa -dijo con la voz de niño tan adorable que tiene- cuatro años -y mientras lo decía enseñaba su mano con cuatro dedos fuera.
-Alaa! ¿ya cuatro? ¡Qué mayor!
Pablo sonrió, le encantaba cuando le decían que era muy mayor.
-Bueno, ¿Qué querías decirme enano? -pregunté hacía el niño.
-Mamá dice que vuelvas ya a casa
-Vale, ya voy para allá -le aseguré, asintió con la cabeza y salió corriendo de vuelta.
-Pues bueno, -dije mirando a Dani- me tengo que ir ya.
-Sí, ya nos veremos por aquí
Sonreí, cogí mis cosas y me fui. A mitad de camino me giré hacia él y hice el gesto de adiós con la mano.
-¡Adiós! -grito de vuelta
Y esta vez sí que me fui hacia mi casa sin detenerme, pero con una sonrisa en la cara difícil de quitar.