domingo, 24 de agosto de 2014

Capítulo 6

Dani

Estábamos apoyados en la barandilla, con la vista fija en el horizonte. Pero yo no estaba mirando el paisaje, mi cabeza estaba en otro lugar. Y para ser más exactos, a unos cuantos centímetros a mi derecha. 
En ese edificio vivía mi amigo Derek y esas vistas las había visto miles de veces. A pesar de eso, me seguían pareciendo preciosas. Cuando le llamé anoche para contarle lo que había planeado, enseguida me dijo que podía hacerlo en su edificio. Así que me me pasé aquella tarde a decorar todo y a coger sus llaves de repuesto, para poder abrir la puerta en cuanto llegáramos.
De reojo miré a mi derecha y ahí estaba Alex. Ella miraba maravillada el paisaje, ajena a que la estaba mirando. Su cabello se movía ligeramente por el viento lo que me daba mejor acceso a verla detrás de su flequillo. Se movió un poco y pensé que me habría pillado mirándola, pero no era así, simplemente se había cambiado de posición. Un niño pasó por la calle corriendo y riendo y vi cómo ella sonreía más, riéndose un poco por el pequeño.

Me vino a la cabeza el recuerdo de cuando esa tarde le puse el pañuelo en los ojos y una sonrisa estúpida apareció en mi cara. Esperaba que ella no me viera en ese momento.

"Estaba delante de ella, pero no me veía porque tenía los ojos tapados. Estaba seguro de que no me veía porque había hecho movimientos delante suyo para asustarla y no había reaccionado. La sonrisa no desaparecía de su boca.  Antes de que me diera cuenta tenía mi manos sujetando sus hombros y mi cara a pocos centímetros de la suya. Podía sentir su respiración agitada y estaba lo suficiente cerca como para oler su perfume. Vi cómo se pasaba la lengua velozmente por los labios y ahí no me pude controlar. Me acerqué todavía más, pero cuando mis labios estaban a un centímetro de los suyos me separé rápidamente. Me puse recto ya que me había agachado un poco para estar a su altura cuando fuera a bes...Sacudí la cabeza. ¿En qué estaba pensando?"

Unos gritos me sacaron de mis pensamientos. 
-¡Ya estamos aquí! -chilló con su voz alegre Jenny. Me giré hacia ella y venía de la mano de su novio Adrián, otro de mis mejores amigos. Derek y Eli venían detrás de ellos también sonrientes y Eli traía una bolsa en la mano. 
-¡Ya era hora! Habíamos quedado a las ocho y veinte y son las nueve menos cuarto -dije mirando mi reloj fingiendo un tono acusador. En realidad ni me había dado cuenta de la hora que era.
Miré a Alex y estaba mirado hacia mis amigos. Sus sonrisa había desaparecido en su mayor parte y sus ojos se veían...¿llorosos? ¿En serio, se había emocionado por ver a mis amigos? 

Nunca entenderé a las chicas. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Capítulo 5

-Tiaaa!! -fue lo primero que escuché al contestar a Cris en Skype
-Dimee -contesté con una sonrisa enorme
-¿¡Cómo que dime!? ¿¡Me estás tomando el pelo!? ¡Que te pasa a recoger en dos horas!
-¡Ya lo sé! Ya hemos tenido esta charla por la mañana- intentaba no parecer tan nerviosa, pero en realidad tenía el estómago revuelto y las uñas mordisqueadas.
-¿Sabes ya lo que te vas a poner?
-¡Noo! por eso te llamo
-Vale bien, entonces no sabes a dónde te va a llevar, ¿verdad? -negué con la cabeza y suspiré pesadamente. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa, si eso era posible- no te estreses y abre el armario, ya me sé toda tu ropa pero necesito verla bien otra vez.
Después de probar varios conjuntos nos convencimos por que fuera con unas manoletinas negras, unos pantalones vaqueros cortos y una blusa de tirantes también negra. Me despedí de Cris, cerré el ordenador y me fui corriendo al baño. Habíamos perdido más de media hora para vestirme. Me alisé el pelo con la plancha dejando la raya a un lado, como hacía siempre. Luego saqué el maquillaje. No me gustaba pintarme mucho así que lo único que hice fue echarme brillo labial y en los ojos pintarme la raya y poner rímel.
Volví a mi cuarto y me acerqué al joyero. Me puse un collar con un pequeño atrapasueños, era el regalo que me dio Cris antes de mudarme y, a pesar de que me había costado mucho, no lo había abierto hasta esta mañana, como le prometí. Dejé los pequeños aros negros que llevaba siempre en mis orejas y todas las pulseras de distintos colores que llevaba en mi muñeca. No me puse anillo porque me eran un poco incómodos y tampoco me puse reloj. ¿Quién se ponía ya el reloj? Admitámoslo, todo el mundo miraba el móvil cuando quería saber la hora.
Me miré en el espejo de cuerpo entero. Nunca me había considerado una chica guapísima pero tampoco me veía fea. Mi pelo negro y ahora totalmente liso caía hasta llegar debajo de mis pechos y mi flequillo atravesaba mi cara de un lado a otro, tapando un poco de mi ojo izquierdo. Mis ojos se veían todavía más grandes y verdes debido al maquillaje. Mi piel estaba morena por el sol que había tomado estos días y mis hombros estaban ligeramente quemados. 

En ese momento sonó el timbre y miré el reloj de mi cuarto. Las ocho en punto. Había que admitir que el chico era puntual.
 -¡Ya voooy! -grité desde mi habitación. Cogí mi pequeño bolso de encima de la cama y bajé corriendo las escaleras. Le di un beso a mis padres y salí por la puerta de mi casa. 
Me lo encontré de pie, esperándome en la entrada. Iba vestido con unas bermudas y una camiseta, vamos, lo normal de un chico en verano.
-Hola -saludé un poco nerviosa. 
-¡Felicidades! -Extendió los brazos y me atrapó en un abrazo- estás muy guapa, que lo sepas. 
Noté cómo la sangre subía por mi cara y estaba segura de que parecía un tomate andante, como siempre. Me obligué a sonreír y darle las gracias. Él también me sonrió y me quedé embobada durante unos segundos.
-¿A dónde vamos a ir? -pregunté comenzando a caminar un poco. 
-Ah un momento -dijo rebuscando en su bolsillo- tienes que ponerte esto en los ojos. 
Sacó un pañuelo rojo y comenzó a caminar hacia mí.
-No hace faltaaa, si no conozco la ciudad -me quejé. Estaba segura que me pegaría un buen golpe con eso en los ojos.
-Me da igual. No quiero que veas nada para que sea una sorpresa. 
Suspiré y dejé que me pusiera el pañuelo tapándome los ojos. Sus manos rozando mi pelo me hicieron temblar pero intenté no pensar en ello. Cuando ya lo había atado se puso delante mío para asegurarse de que no veía nada. Dijo lo típico de "cuántos dedos tengo" pero realmente no veía nada. El pañuelo no se trasparentaba ni un poquito. Durante unos minutos se calló. Seguía delante de mi y lo notaba muy cerca. Podía sentir su respiración. Colocó sus dos manos en mis hombros y se acercó un poco más. Me iba a besar. DE VERDAD ME IBA A BESAR. Me puse nerviosa y comencé a retorcer el borde de mi blusa. Mi corazón se iba acelerando, podía sentir cada latido bombear dentro de mi. Mis labios se secaron y pasé rápidamente la lengua para humedecerlos. Sentí cómo se acercaba todavía más. Y...de repente se alejó. Decepción corrió por todas mis venas, pero no podía permitir que lo notara.
-Agárrate a mí, seré tus ojos durante el camino.
Supuse que estaría manteniendo el brazo en alto, estiré mi mano y así era. Entrelazamos los brazos y se sentía tan bien que la tristeza que me había abordado hacía unos instantes desapareció, reemplazándola por una pequeña sonrisa.
-Me voy a caer. Estoy segura -gimoteé
-Que nooo, que yo te ayudo. Venga comienza a caminar. 
Me dio un pequeño tirón y comencé a moverme a su ritmo. Pasamos el siguiente cuarto de hora caminando juntos. El silencio solo se rompía por su parte con cosas como "cuidado, un escalón" o "a la derecha, que te chocas con un árbol". 
-¿Queda mucho? -pregunté como una niña pequeña. Caminar no me importaba para nada. Pero el no poder ver nada ya me estaba estresando.  
-No, queda poco. Y si te portas bien te daré una chuche 
Giré la cabeza hacia donde estaba él y saqué la lengua. 
-Bebé crecido... -le oí decir por lo bajo
-¡Te he oído!
-¡¿Qué he hecho yo ahora?! -dijo en tono sorprendido 
-Sisisi
Me reí un poco y él también lo hizo. Seguimos caminando por un rato cuando...
-¡Cuidado! ¡una moto! -gritó con todas sus fuerzas tirándome hacia donde estaba él. 
Chillé y pegué un bote hacia Dani. Con la mala suerte de tirarle al suelo cayendo encima suyo. Me quité el pañuelo de los ojos rápidamente, pero la mirada que me encontré no era la que me esperaba. Se estaba riendo por lo bajo. Entonces miré hacia los lados pero no vi ningún vehículo. ¡Ni siquiera teníamos la carretera cerca! Lo miré furiosa.
-¡¿Dónde está la puta moto?!
Eso hizo que se riera más fuerte. Seguía encima de él y botaba arriba y abajo por su risa. Vi cómo las lagrimas empezaban a salir de sus ojos mientras seguía riéndose como un loco. Entonces el enfado empezó a disminuir y me contagié de su risa. Cualquiera que nos viera....
Cuando conseguimos dejar de reírnos le miré directamente a los ojos y grité. 
-¡Eres un cabrón!
Dani se movió y antes de que me pudiera dar cuenta era yo la que estaba debajo de él. Me tenía las manos agarradas por encima de la cabeza y hacía el máximo esfuerzo por no hacerme daño con su peso.
-¡Gilipollas! ¡Suéltame! -grité entre risas retorciéndome, pero me tenía bien sujeta.
-Uy que palabrotera está hoy señorita -dijo en un tono burlón. Lo sentía muy cerca. Sus ojos marrones estaban mirándome a no mucha distancia y tenía su cuerpo apoyado levemente en mi cintura haciendo presión. 
-¡No te jode! ¡Me has pegado un susto de muerte! -eso hizo que se riera más fuerte- Además, si sólo querías acabar encima mío no tenías que montar tanto numerito -susurré un poco más cerca de sus labios. Solo un pequeño movimiento hacia delante y le estaría besando.  
Tenía una mirada divertida en sus ojos cuando le miré.
-No sabía que te tirarías encima mío. 
Dicho esto se dio impulso con los brazos y se levantó de un salto. Luego tendió la mano para ayudarme a levantar y la cogí encantada. Me puse de pie y solté su mano para sacudirme la arena de la ropa. Le volvió a dar un ataque de risa y lo miré con una mirada de "¿y a éste qué le pasa ahora?"
-Me estoy acordando de el chillido y el salto que has pegado cuando he dicho lo de la moto -dijo entre risas
-¡Idiotaaa! ¡Te voy a matar! -le di pequeños golpes en el hombro y me retuvo por las muñecas abrazándome por detrás. Inmediatamente dejé de resistirme. Se estaba genial así, ojalá pudiera parar el tiempo y quedarme así con él por siempre.
-Venga bebé, que no llegamos a tiempo. 
Me soltó y un viento frío me dio justo donde había estado él momentos atrás. Comenzó a caminar hacia un edificio de apartamentos y lo seguí. Cuando llegó a la puerta sacó unas llaves de su bolsillo y la abrió. Varias preguntas pasaron por mi mente. ¿Quién vivía en este edificio? ¿Por qué tenía él llaves? ¿A dónde exactamente me estaba llevando? Subimos al ascensor y pulsó el botón 8, la última planta del edificio. Cuando las puertas se abrieron, me esperaba ver un rellano con un par de puertas que dieran a las casas. Pero en lugar de eso, ante mí apareció una terraza enorme decorada con globos aquí y allá. Me dirigí hacia la barandilla de la terraza asombrada. Desde ahí se podía ver toda la pequeña ciudad en pleno atardecer. Saqué mi móvil del bolso e hice una fotografía. Era una imagen preciosa.
-Sabía que te iba a gustar
Me giré hacia la voz en mi espalda y sonreí. 
-Me encanta, gracias
Se apoyó también en la barandilla y nos quedamos ahí por un rato. No sé cuánto tiempo había pasado cuando escuché unas voces. Me giré y me encontré con dos chicos y dos chicas saliendo del ascensor.
-¡Ya estamos aquí! -gritó alegremente una chica rubia que venía de la mano de uno de los chicos.
-¡Ya era hora! Habíamos quedado a las ocho y veinte y son las nueve menos cuarto -dijo Dani a mi lado. 
Me quedé petrificada. ¿Quiénes eran? ¿Y por qué había quedado Dani con ellos justo hoy en nuestra.... Antes de que pudiera terminar la pregunta en mi cabeza me di cuenta: Dani no me había pedido una cita, me había dicho que me llevaría a un sitio para mi cumpleaños. Y al parecer había invitado a sus amigos a celebrarlo. Me entraron ganas de llorar, y las lágrimas se agolparon en mis ojos. Pero no podía permitir que salieran. Al menos no en ese momento. ¿Cómo había podido ser tan idiota? 

Nota mental: no puedo hacerme ilusiones tan fácilmente. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Capítulo 4

A la mañana siguiente me desperté bastante tarde, tal y como a mí me gustaba. Era verano y no tenía ninguna prisa, así que me quedé vagueando un rato más en la cama. No había tenido ninguna pesadilla esa noche y estaba de muy buen humor por ello. No eran muchas las noches en las que dormía en paz todo el rato.
Ahí tumbada en la cama, me vino a la cabeza el recuerdo de Dani y no pude evitar sonreír como una tonta. Ayer estuve muy a gusto con él y no podía esperar el momento de volver a verle, de volver a ver su sonrisa encantadora y de volver a sentir su mirada fija en mí.
Cuando ya estaba totalmente despierta me levanté de la cama y bajé a la cocina. Mi madre estaba ahí, cocinando algo. Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla.
-Buenos días
-Buenos días cariño -me dijo con una sonrisa. Luego frunció un poco el ceño- No tendrás intención de desayunar ¿no? Porque ya estoy empezando a hacer la comida...
-No, tranquila mamá. Ya me sé las normas, si me levanto más tarde de las doce y media ya me espero a la comida.
Sus cejas volvieron a su lugar y su sonrisa volvió a aparecer.
-Bien. Aunque si quieres puedes picar algo.
Me acerqué al armarito de la comida y cogí un par de galletas con chispas de chocolate, mis favoritas . Mientras me las comía fui hacia el salón, donde estaba Javi jugando a la play con mi padre y Pablo viéndolos desde el sofá animando.
-Cuando terminéis esta me toca a mí una partida -dije mientras me sentaba cómodamente en el sofá.
Tras unos minutos estaba con el mando inalámbrico en mis manos e intentando meterle un gol a Javi. Pero era muy difícil, era una patosa con ese juego y lo único que conseguía era meter patadas a los jugadores contrarios. Al final acabamos 3-1 ganando él, por supuesto. Me habían sacado tres rojas, una amarilla y había conseguido lesionar a uno de sus jugadores; eso es a lo que yo llamaba divertirse con el FIFA. Le pasé el mando a Pablo porque era su turno y yo me subí a mi cuarto. Se estaba muy bien con el pijama puesto, pero habría que quitárselo en algún momento. Me puse una camiseta de tirantes y unos pantalones de deporte cortos. Hice la cama y recogí la ropa de ayer que, como siempre, había dejado por ahí tirada. Todo esto no lo hacía tanto por mí sino por mi madre, que se enfadaba cuando lo veía todo desordenado (típico de las madres).   
 

Después de comer me puse mis zapatillas de deporte y me hice una coleta alta dejando mi flequillo de lado suelto. No entendía por qué y sabía que era una tontería, pero tener el flequillo tapándome parte de la cara me hacía sentirme más segura, más invisible.  Cuando me acerqué a Nuna ya estaba dando vueltas alrededor como loca, esperando a que saliéramos a la calle. Estando ya fuera saqué mi teléfono y me puse los cascos para escuchar música mientras corría. Nuna y yo solíamos hacer esto todos los días en el pueblo y ya lo echaba de menos. Además, era una buena forma de empezar a conocer mi nueva ciudad. En todo lo que llevaba ya aquí había salido un par de veces escasas.

Antes participaba en el equipo de atletismo de mi colegio y era bastante rápida la verdad.  Pero dejé el equipo hace un año más o menos, no podía soportar pasar más tiempo de lo necesario por las clases con mis compañeros. A pesar de que conseguía algunos logros para el equipo y nuestro colegio, las miradas que me dirigían desde hace años no cesaban y no pensaba aguantarlas por propia voluntad.

Empecé corriendo despacio, para calentar; pero no tardé mucho en ir más rápido. Sabía que Nuna me estaba siguiendo por detrás, no necesitaba revisarlo. Las piernas empezaban a arderme, pero eso no me hizo detenerme, al contrario, me hizo acelerar para ver hasta dónde podía llegar. La música sonaba a tope en mis oídos y la ciudad iba pasando ante mí a toda velocidad. Pasado un rato vi que había un parque al otro lado de la calle y decidí que sería bueno parar para descansar y que Nuna corriera sola a su aire. Fui ralentizando la velocidad hasta detenerme en el paso de cebra. Nuna me alcanzó rápidamente y se quedó al lado de mis pies, esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Era muy buena y estaba bien enseñada, por eso no me molestaba en ponerla correa casi nunca. Cuando ya podíamos cruzar, atravesamos la carretera ágilmente y me dirigí directa hacia un banco que vi a la sombra del árbol. Tendría que empezar a poner como rutina eso de correr porque al parecer me había oxidado un poco en estos días.  Cuando vi a Nuna correr alegremente por el parque me relajé en el banco, puse en el móvil una de mis canciones favoritas  y cerré los ojos mientras la música llenaba mis oídos.
 
"Prometo abrazarte hasta el último día de mi vida
  prometo despertarme solamente a tu lado
  prometo levantarte después de cada caída
  prometo besarte como nunca te han besado"

Un par de golpecitos en el hombro me hicieron botar de un susto. Abrí los ojos de golpe encontrándome cara a cara con él. Estábamos demasiado cerca, podía sentir su respiración en mi cara y sus ojos clavados en los míos durante unos instantes. De repente pareció como si se despertara de un trance o algo parecido, se apartó y sacudió ligeramente la cabeza. Empezó a hablar, pero era como si le hubieran dado con el mando a distancia al botón de "mute". Me quité uno de los cascos.
-Perdón, ¿puedes repetirlo? No te podía escuchar con la música
-Nah, solo decía que me había parecido que eras tú cuando te vi pasar y al parecer estaba en lo cierto -sonrió de la manera que sólo él sabía y me contagió la sonrisa.
Se sentó al lado mío en el banco, esta vez con más confianza que ayer.
-¿Qué estabas escuchando? -cogió el casco que me había quitado y se lo puso en su oído. En ese momento sonó mi cacho favorito de la canción:

"No es mi culpa poder quererte tanto a mi manera,
  no es mi culpa querer quererte dar una vida entera.
  Y una última cosa que te quiero decir,
  mírame...¡Junto a ti quiero morir!"

Se quitó el casco mientras yo lo miraba expectante para saber si le gustaba.
-Está muy bien, es bonita -puse una pequeña sonrisa triunfante- ¿siempre escuchas rap?
-Bueno, puedo escuchar más estilos pero el rap es mi favorito.

Estuvimos un buen rato hablando sobre música, deportes y de cualquier cosa que se nos ocurriera. Pude averiguar sobre él que le gustaba el pop y su deporte favorito era el fútbol, se pasaba todo el día jugando. Tenía una hermana pequeña de seis años que llegaba en unos días de pasar las vacaciones con sus abuelos y él había llegado hace una semana de Cádiz con unos amigos.

Al rato apareció Nuna en mis pies y solo entonces me di cuenta de que ya había anochecido. Miré el reloj y era tarde, mi madre se estaría preguntando dónde estaba.
-Wow! Pero si ya es tardísimo! Me tengo que ir ya a casa! -dije poniéndome en pie
-Te acompaño -dijo rápidamente mientras también se levantaba, pero luego añadió- bueno, si no te importa, ya sabes, como vivo en la calle de al lado... -esta vez lo dijo con su voz un poco más temblorosa, como nervioso.
-¿¡Qué me va a importar!? Vamos, ¡¿en qué mundo a las chicas les desagrada que las acompañen a casa?!
Se rió y empezó a moverse hacia nuestras casas.
-Vamos entonces -volvió a sonreír y os juro que no se si podría aguantar más una de esas sonrisas.

Al principio íbamos caminando uno al lado del otro, en silencio,  con Nuna detrás de nosotros. Fue él quien se decidió a romper el silencio.
-Hey y...¿cuántos años tienes? Es que me acabo de dar cuenta de que no te lo he preguntado -dijo rascándose la cabeza, se le veía monísimo haciendo eso!
-Hummm -me quedé pensando un momento- ¿a qué día estamos? -dije sintiéndome un poco idiota
-A 14
-No me lo puedo creer, ¿ya es 14?
-Sii -me dijo aguantándose la risa- y...entonces tienes...
-Mañana cumplo los 16
-¿¡Tu cumpleaños es mañana y no te acordabas?! -en este momento ya no se pudo contener la risa- hay alguien que yo me sé a quién las vacaciones la están perdiendo un pocooo -dijo en tono cantarín
-Bueno sí, me he perdido un poco -notaba como el rojo iba subiendo por mi cara- ¿y tú? ¿cuántos años tienes?
-17
-¿Y cuándo es tu cumpleaños?
-En Marzo, el 4 -en mi cabeza me memoricé el día, no se me olvidaría- ¿tienes planes para hacer con tus padres mañana?
-No, la verdad es que no.
-¿No vas a hacer nada en el día de tu cumpleaños? Eso no lo puedo permitir -le miré expectante, ¿me estaba diciendo lo que pensaba que me estaba diciendo?- Te apetece salir mañana a cenar, conozco un sitio que creo que te gustará
Mi sonrisa no se hubiera podido hacer más grande aunque lo intentara con todas mis ganas.
-Me encantaría
-Eeh, perfecto, pues ¿te paso a recoger a las 8?
-Vale
No me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a mi calle. ¿Ahora qué se suponía que tenía que hacer? ¿le daba dos besos, un abrazo o simplemente me despedía y ya? Me decanté con la tercera opción ya que no quería que pensara otra cosa.
-Mmm bueno pues hasta mañana -levanté la mano en despedida y me metí en mi calle hacía mi casa.
-Hasta mañana Alex
Esperó hasta que me metí en mi casa y entonces se fue.

En cuanto Nuna y yo ya estábamos en casa subí a mi cuarto corriendo, necesitaba llamar a Cris ¡Urgentemente!


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Por si alguno quiere escuchar la canción que estaba escuchando Alex os la añado aquí ;)

miércoles, 6 de agosto de 2014

Capítulo 3

Alex
Sentía el agua fría por todo mi cuerpo y otra vez esa sensación de ahogo en mi garganta. Entré de nuevo en pánico. No recordaba cómo había caído ahí. ¿Qué había pasado? Mis ojos empezaron a cerrarse y de repente le vi. Tenía el pelo aplastado por el agua, y gotas de agua corriendo por toda su cara. Sus ojos mostraban preocupación, pero en ese momento había olvidado cualquier cosa por la que se pudiera ver así. ¿Te encuentras bien?
Me desperté. Estaba tumbada en mi cama y lágrimas corrían de mis ojos. Ha sido un sueño me repetí, ha sido un sueño. Me levanté y fui al baño a limpiarme la cara. Me miré en el espejo y le sonreí ligeramente a mi reflejo. Habían pasado dos días desde el accidente en la piscina y no había querido salir al jardín en ningún momento. A pesar de eso, estuve todo el tiempo asomada a la ventana de mi cuarto a ver si veía al chico en el jardín. Pero él tampoco salió.
Quería darle las gracias, me decía a mí misma, pero por dentro sabía que no era solo eso. Quería volver a ver sus ojos castaños mirándome fijamente y volver a sentir sus manos alrededor de mi cintura. Volver a escuchar esa voz cálida que me hacía sentirme segura. Sí, lo sé, sólo le había conocido por unos instantes, pero había sido suficiente para no dejar de pensarle.

Escuché ruidos del piso de abajo. Mis hermanos, por supuesto, ya estaban en pie. No entendía cómo se levantaban a esas horas, con lo que me gustaba a mi dormir. Bajé a la cocina. No había nadie ahí, ya habrían desayunado todos así que me preparé dos tostadas y calenté una taza de leche. Cuando ya estaba sentada y comiendo las tostadas saqué el móvil para llamar por skype a Cris. Seguíamos en el mismo país, así que también podría llamarla por teléfono normal y corriente. Pero hablábamos muchas veces durante bastante tiempo, así que cuando estábamos juntas en el pueblo nos acostumbramos a usar internet siempre que pudiéramos, para no tener que pagar tanto dinero. Lo cogió al segundo tono. En serio, esa chica estaba todo el día con el móvil en la mano, casi parecía una prolongación de su cuerpo. Lo alucinante es que siempre te prestaba atención y se enteraba de todo, aunque no lo pareciera.  Al segundo de ver a Cristina en la pantalla sonreí. Ahí estaba mi amiga de nuevo.
-Holaa -dijo con voz cantarina- ¿qué tal?
-Hola fea   -contesté para picarla- ahí vamos ¿y tú qué tal?
-No voy a hacerle caso al comentario de fea -dijo con una sonrisa aunque ésta no llegaba a sus ojos. En ellos se veía preocupación- ¿qué ha pasado?
-He tenido una pesadilla con lo de la piscina -le dije recordando lo agobiada que me había sentido en la cama, como si todo fuera verdad.
-¿Con lo de hace un par de días? -por supuesto, a Cristina le había contado todo al día siguiente, el día que pasó no me sentía con fuerzas de nada y fui a la cama sin siquiera cenar.
Asentí con la cabeza.
-Oh cariño, lo siento mucho -me miró con tristeza- pero ¿y qué, te ha salvado de nuevo el chico? -dijo levantando las cejas arriba y abajo.
Me sonrojé un poco pero aun así me reí, Cris siempre sabía cómo animarme.
-¿Lo has visto ya?
-No, aún no
-Bueno pues cuando lo veas le haces una foto y me la envías eh?
-Claro, cómo no. Me acerco a él y le digo "oye, muchas gracias por salvarme el otro día. Por cierto, ¿me dejas hacerte una foto? Es que mi pervertida amiga quiere darte el visto bueno"
-Hombre, yo utilizo otras formas de ligar al principio pero tú inténtalo, a lo mejor te funciona -me dijo guiñándome el ojo
Puse los ojos en blanco y me reí fuerte
-Bueno, te dejo que tengo que comprar algo que ponerme para mi cita de esta tarde -dijo sonriente. Ayer le pidió salir el chico por el que lleva pillada las dos últimas semanas. Me da pena no poder acompañarla de compras como hacemos siempre, pero no digo nada, ella está ilusionada y no puedo estar todo el día recordando que esas cosas las hacíamos juntas antes.
-Vale, cómprate algo sexy y pásatelo muy bien por la tarde. Ya me contarás mañana qué tal ha ido todo.
-Por supuesto. Chau! -hizo el ruido de un beso y colgó.
Me bebí el último trago de leche que me quedaba en la taza y me levanté.


Por la tarde ya me había decido por salir al jardín. No podía dejar que lo que pasó hace un par de días me controlara demasiado. Me puse el bikini aunque claro está, no me iba a bañar; pero me gustaba tumbarme en la toalla a leer y con el bikini ya de paso tomaría un poco más el sol. Cogí mi e-book y la toalla y salí al jardín. Me tumbé donde daba el sol y comencé a leer. Estaba leyendo "Hey idiot, I love you", lo había empezado ayer y me encantaba. Estaba metida en el libro, riéndome por las tonterías de Luc, me encantaba la pareja que haría con Nastia; cuando de repente escuché una voz a mi espalda.
-¿Qué libro estás leyendo?
Me giré y ahí estaba él. Iba con un bañador y la toalla enrollada al cuello. Tragué fuerte. Como iba sin camiseta, se le veía la tableta bien esculpida Mmm este es un dato que le gustará saber a Cris me dije en la cabeza, pero enseguida me di cuenta de en lo que estaba pensando y me sonrojé. Subí rápido la vista, esperaba que no se hubiera dado cuenta de que lo estaba mirando. Pero en cuanto sus ojos hicieron contacto con los míos, supe que debería haberme quedado mirando los abdominales.
-Eh, humm -mierda, estaba titubeando!- Hey idiot, I love you
Sonrió y contestó -Lo siento, no me suena
-Eh no, no es muy conocido, pero es un gran libro, a mi de verdad me encanta -le devolví la sonrisa aunque estaba segura de que el rojo de mi cara aún no se habría ido.
La sonrisa se le fue un poco de la cara y un destello de duda pasó por sus ojos
-¿Te importa si me siento a tu lado? -¿era eso por lo que se veía nervioso? ¡qué mono por dios!
-¡Para nada! Siéntate -le di una amplia sonrisa y vi cómo su nerviosismo desaparecía reemplazándolo por una sonrisa enorme y encantadora.
Colocó su toalla cerca de la mía pero dejando un cacho de separación.
En ese momento me acordé de la principal razón por la que quería verle y sin poder evitarlo me puse rígida. Me incorporé de la toalla para sentarme mirando hacia su lado, mientras él se sentaba en la suya pero de una forma mucho más casual.
-Eeeh, bueno yo... -miré hacia abajo mientras hablaba, mis manos arrancando hebras del césped por puro nerviosismo. Pero podía notar que él me estaba mirando a mí directamente y eso me hacía sentir...¿extraña? ¿diferente? No podría describir cómo me sentía en ese mismo momento- Quería darte las gracias -por fin las palabras salieron de mi boca- Ya sabes, por lo del otro día. Si no hubiera sido por ti me habría ahogado en esa piscina... -mi mirada fue hacia la piscina, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Cuando volví la vista hacia él ya no me estaba mirando. Tenía la mirada perdida y su cuerpo se había tensado.
-Por favor, no vuelvas a darme las gracias por eso -lo miré un poco confundida y abrí la boca para contestar, pero realmente no sabía qué decir- yo sólo hice lo que cualquier persona que lo hubiera visto habría hecho. -continuó- Y, no sabes el susto que me diste cuando te vi inconsciente en el agua -le miré a los ojos y esta vez sí pude reconocer la misma mirada que me dio cuando desperté apoyada en sus piernas.
Los recuerdos volvieron de golpe a mi mente y mordí mi labio inferior para frenar las lágrimas. No soportaba cuando la gente me veía llorando. Pero para mi desgracia, era de lágrima fácil, por eso sabía maneras de intentar dejar de llorar. Levanté la vista hacia el cielo y apreté los dientes más, hasta que sentí el metálico sabor de la sangre en mi boca.
-Eh! ¿estás bien? -me preguntó tiernamente. Le miré y todavía tenía esa mirada en sus penetrantes ojos. Se acercó más y colocó su mano en mi mejilla, limpiando con su pulgar la sangre de mi labio. Sentía un cosquilleo ahí por donde su dedo pasaba. Cuando fue a apartarse de nuevo coloqué mi mano sobre la suya. No estaba preparada para perder su contacto. Nos quedamos así, mirándonos fijamente a los ojos hasta que estaba más tranquila y las ganas de llorar habían pasado. Le sonreí y sus músculos se relajaron notablemente, sus ojos dejaron de mostrar esa preocupación y su boca subió por las comisuras formando una gran sonrisa. Solté a regañadientes su mano y él finalmente la dejó caer lentamente hasta colocarla en la toalla.
-Por cierto, -dije esta vez relajada y alegre- aún no se cómo te llamas.
-Dani
-Vale, yo soy Alejandra pero prefiero que me llamen Alex
Asintió -Escuché cuando te llamaba así la señora que vino corriendo. Era tu madre, ¿no? Os parecéis mucho.
-Sí, es mi madre. Se puso un poco histérica al verme.
-Normal. Yo también me habría puesto así si fuera mi hija.
Le di la razón. La reacción de mi madre había sido totalmente normal, y más aún recordando lo pasado hace años.
Pablo apareció corriendo hacia donde estábamos sentados.
-Dani, te presento a Pablo, mi hermano pequeño
-Hola campeón! ¿Cuántos años tienes?
-Holaa -dijo con la voz de niño tan adorable que tiene- cuatro años -y mientras lo decía enseñaba su mano con cuatro dedos fuera.
-Alaa! ¿ya cuatro? ¡Qué mayor!
Pablo sonrió, le encantaba cuando le decían que era muy mayor.
-Bueno, ¿Qué querías decirme enano? -pregunté hacía el niño.
-Mamá dice que vuelvas ya a casa
-Vale, ya voy para allá -le aseguré, asintió con la cabeza y salió corriendo de vuelta.
-Pues bueno, -dije mirando a Dani- me tengo que ir ya.
-Sí, ya nos veremos por aquí
Sonreí, cogí mis cosas y me fui. A mitad de camino me giré hacia él y hice el gesto de adiós con la mano.
-¡Adiós! -grito de vuelta
Y esta vez sí que me fui hacia mi casa sin detenerme, pero con una sonrisa en la cara difícil de quitar.