-Tiaaa!! -fue lo primero que escuché al contestar a Cris en Skype
-Dimee -contesté con una sonrisa enorme
-¿¡Cómo que dime!? ¿¡Me estás tomando el pelo!? ¡Que te pasa a recoger en dos horas!
-¡Ya lo sé! Ya hemos tenido esta charla por la mañana- intentaba no parecer tan nerviosa, pero en realidad tenía el estómago revuelto y las uñas mordisqueadas.
-¿Sabes ya lo que te vas a poner?
-¡Noo! por eso te llamo
-Vale bien, entonces no sabes a dónde te va a llevar, ¿verdad? -negué con la cabeza y suspiré pesadamente. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa, si eso era posible- no te estreses y abre el armario, ya me sé toda tu ropa pero necesito verla bien otra vez.
Después de probar varios conjuntos nos convencimos por que fuera con unas manoletinas negras, unos pantalones vaqueros cortos y una blusa de tirantes también negra. Me despedí de Cris, cerré el ordenador y me fui corriendo al baño. Habíamos perdido más de media hora para vestirme. Me alisé el pelo con la plancha dejando la raya a un lado, como hacía siempre. Luego saqué el maquillaje. No me gustaba pintarme mucho así que lo único que hice fue echarme brillo labial y en los ojos pintarme la raya y poner rímel.
Volví a mi cuarto y me acerqué al joyero. Me puse un collar con un pequeño atrapasueños, era el regalo que me dio Cris antes de mudarme y, a pesar de que me había costado mucho, no lo había abierto hasta esta mañana, como le prometí. Dejé los pequeños aros negros que llevaba siempre en mis orejas y todas las pulseras de distintos colores que llevaba en mi muñeca. No me puse anillo porque me eran un poco incómodos y tampoco me puse reloj. ¿Quién se ponía ya el reloj? Admitámoslo, todo el mundo miraba el móvil cuando quería saber la hora.
Me miré en el espejo de cuerpo entero. Nunca me había considerado una chica guapísima pero tampoco me veía fea. Mi pelo negro y ahora totalmente liso caía hasta llegar debajo de mis pechos y mi flequillo atravesaba mi cara de un lado a otro, tapando un poco de mi ojo izquierdo. Mis ojos se veían todavía más grandes y verdes debido al maquillaje. Mi piel estaba morena por el sol que había tomado estos días y mis hombros estaban ligeramente quemados.
En ese momento sonó el timbre y miré el reloj de mi cuarto. Las ocho en punto. Había que admitir que el chico era puntual.
-¡Ya voooy! -grité desde mi habitación. Cogí mi pequeño bolso de encima de la cama y bajé corriendo las escaleras. Le di un beso a mis padres y salí por la puerta de mi casa.
Me lo encontré de pie, esperándome en la entrada. Iba vestido con unas bermudas y una camiseta, vamos, lo normal de un chico en verano.
-Hola -saludé un poco nerviosa.
-¡Felicidades! -Extendió los brazos y me atrapó en un abrazo- estás muy guapa, que lo sepas.
Noté cómo la sangre subía por mi cara y estaba segura de que parecía un tomate andante, como siempre. Me obligué a sonreír y darle las gracias. Él también me sonrió y me quedé embobada durante unos segundos.
-¿A dónde vamos a ir? -pregunté comenzando a caminar un poco.
-Ah un momento -dijo rebuscando en su bolsillo- tienes que ponerte esto en los ojos.
Sacó un pañuelo rojo y comenzó a caminar hacia mí.
-No hace faltaaa, si no conozco la ciudad -me quejé. Estaba segura que me pegaría un buen golpe con eso en los ojos.
-Me da igual. No quiero que veas nada para que sea una sorpresa.
Suspiré y dejé que me pusiera el pañuelo tapándome los ojos. Sus manos rozando mi pelo me hicieron temblar pero intenté no pensar en ello. Cuando ya lo había atado se puso delante mío para asegurarse de que no veía nada. Dijo lo típico de "cuántos dedos tengo" pero realmente no veía nada. El pañuelo no se trasparentaba ni un poquito. Durante unos minutos se calló. Seguía delante de mi y lo notaba muy cerca. Podía sentir su respiración. Colocó sus dos manos en mis hombros y se acercó un poco más. Me iba a besar. DE VERDAD ME IBA A BESAR. Me puse nerviosa y comencé a retorcer el borde de mi blusa. Mi corazón se iba acelerando, podía sentir cada latido bombear dentro de mi. Mis labios se secaron y pasé rápidamente la lengua para humedecerlos. Sentí cómo se acercaba todavía más. Y...de repente se alejó. Decepción corrió por todas mis venas, pero no podía permitir que lo notara.
-Agárrate a mí, seré tus ojos durante el camino.
Supuse que estaría manteniendo el brazo en alto, estiré mi mano y así era. Entrelazamos los brazos y se sentía tan bien que la tristeza que me había abordado hacía unos instantes desapareció, reemplazándola por una pequeña sonrisa.
-Me voy a caer. Estoy segura -gimoteé
-Que nooo, que yo te ayudo. Venga comienza a caminar.
Me dio un pequeño tirón y comencé a moverme a su ritmo. Pasamos el siguiente cuarto de hora caminando juntos. El silencio solo se rompía por su parte con cosas como "cuidado, un escalón" o "a la derecha, que te chocas con un árbol".
-¿Queda mucho? -pregunté como una niña pequeña. Caminar no me importaba para nada. Pero el no poder ver nada ya me estaba estresando.
-No, queda poco. Y si te portas bien te daré una chuche
Giré la cabeza hacia donde estaba él y saqué la lengua.
-Bebé crecido... -le oí decir por lo bajo
-¡Te he oído!
-¡¿Qué he hecho yo ahora?! -dijo en tono sorprendido
-Sisisi
Me reí un poco y él también lo hizo. Seguimos caminando por un rato cuando...
-¡Cuidado! ¡una moto! -gritó con todas sus fuerzas tirándome hacia donde estaba él.
Chillé y pegué un bote hacia Dani. Con la mala suerte de tirarle al suelo cayendo encima suyo. Me quité el pañuelo de los ojos rápidamente, pero la mirada que me encontré no era la que me esperaba. Se estaba riendo por lo bajo. Entonces miré hacia los lados pero no vi ningún vehículo. ¡Ni siquiera teníamos la carretera cerca! Lo miré furiosa.
-¡¿Dónde está la puta moto?!
Eso hizo que se riera más fuerte. Seguía encima de él y botaba arriba y abajo por su risa. Vi cómo las lagrimas empezaban a salir de sus ojos mientras seguía riéndose como un loco. Entonces el enfado empezó a disminuir y me contagié de su risa. Cualquiera que nos viera....
Cuando conseguimos dejar de reírnos le miré directamente a los ojos y grité.
-¡Eres un cabrón!
Dani se movió y antes de que me pudiera dar cuenta era yo la que estaba debajo de él. Me tenía las manos agarradas por encima de la cabeza y hacía el máximo esfuerzo por no hacerme daño con su peso.
-¡Gilipollas! ¡Suéltame! -grité entre risas retorciéndome, pero me tenía bien sujeta.
-Uy que palabrotera está hoy señorita -dijo en un tono burlón. Lo sentía muy cerca. Sus ojos marrones estaban mirándome a no mucha distancia y tenía su cuerpo apoyado levemente en mi cintura haciendo presión.
-¡No te jode! ¡Me has pegado un susto de muerte! -eso hizo que se riera más fuerte- Además, si sólo querías acabar encima mío no tenías que montar tanto numerito -susurré un poco más cerca de sus labios. Solo un pequeño movimiento hacia delante y le estaría besando.
Tenía una mirada divertida en sus ojos cuando le miré.
-No sabía que te tirarías encima mío.
Dicho esto se dio impulso con los brazos y se levantó de un salto. Luego tendió la mano para ayudarme a levantar y la cogí encantada. Me puse de pie y solté su mano para sacudirme la arena de la ropa. Le volvió a dar un ataque de risa y lo miré con una mirada de "¿y a éste qué le pasa ahora?"
-Me estoy acordando de el chillido y el salto que has pegado cuando he dicho lo de la moto -dijo entre risas
-¡Idiotaaa! ¡Te voy a matar! -le di pequeños golpes en el hombro y me retuvo por las muñecas abrazándome por detrás. Inmediatamente dejé de resistirme. Se estaba genial así, ojalá pudiera parar el tiempo y quedarme así con él por siempre.
-Venga bebé, que no llegamos a tiempo.
Me soltó y un viento frío me dio justo donde había estado él momentos atrás. Comenzó a caminar hacia un edificio de apartamentos y lo seguí. Cuando llegó a la puerta sacó unas llaves de su bolsillo y la abrió. Varias preguntas pasaron por mi mente. ¿Quién vivía en este edificio? ¿Por qué tenía él llaves? ¿A dónde exactamente me estaba llevando? Subimos al ascensor y pulsó el botón 8, la última planta del edificio. Cuando las puertas se abrieron, me esperaba ver un rellano con un par de puertas que dieran a las casas. Pero en lugar de eso, ante mí apareció una terraza enorme decorada con globos aquí y allá. Me dirigí hacia la barandilla de la terraza asombrada. Desde ahí se podía ver toda la pequeña ciudad en pleno atardecer. Saqué mi móvil del bolso e hice una fotografía. Era una imagen preciosa.
-Sabía que te iba a gustar
Me giré hacia la voz en mi espalda y sonreí.
-Me encanta, gracias
Se apoyó también en la barandilla y nos quedamos ahí por un rato. No sé cuánto tiempo había pasado cuando escuché unas voces. Me giré y me encontré con dos chicos y dos chicas saliendo del ascensor.
-¡Ya estamos aquí! -gritó alegremente una chica rubia que venía de la mano de uno de los chicos.
-¡Ya era hora! Habíamos quedado a las ocho y veinte y son las nueve menos cuarto -dijo Dani a mi lado.
Me quedé petrificada. ¿Quiénes eran? ¿Y por qué había quedado Dani con ellos justo hoy en nuestra.... Antes de que pudiera terminar la pregunta en mi cabeza me di cuenta: Dani no me había pedido una cita, me había dicho que me llevaría a un sitio para mi cumpleaños. Y al parecer había invitado a sus amigos a celebrarlo. Me entraron ganas de llorar, y las lágrimas se agolparon en mis ojos. Pero no podía permitir que salieran. Al menos no en ese momento. ¿Cómo había podido ser tan idiota?
Nota mental: no puedo hacerme ilusiones tan fácilmente.