sábado, 29 de noviembre de 2014

Capítulo 9 1/2


Me desperté con el sonido del móvil, la noche pasada se me debía haber olvidado el móvil en silencio. ¿Quién sería a esas horas? Con la cara aún pegada a la almohada estiré el brazo y cogí el móvil de la mesilla. Abrí con dificultad un ojo y vi que el sonido venía de un Whatsapp. Un Whatsapp de Dani. Desbloqueé el móvil y el enfado de haberme despertado pasó. "Buenos días! vas andando al insti?" Sonreí y le contesté que sí. "Vale, quedamos en la esquina a las 8:45 ;)" . Miré la hora, las ocho y media.

-Mierdaaa -grité mientras me levantaba de la cama, ya totalmente despierta. Fui al cuarto de mi madre, se habría quedado dormida. Pero al ver que no estaba en su cuarto y que nadie contestaba a mis gritos, llamé a su móvil.

-Mamá -dije en cuanto me cogió el teléfono.

-Dime -se limitó a contestar mi madre.

-¡¿Dónde estáis?! ¿Por qué no me habéis avisado? ¡Me acabo de despertar!

-Te dije anoche que entrabamos a trabajar antes y que nos llevábamos a tus hermanos antes a su colegio. Que te pusieras el despertador.

-Ah vale, bueno te dejo, chau -colgué y salí corriendo a vestirme. Mierda y más mierda, me lo dijo mientras estaba medio dormida y contesté que vale para que me dejara en paz. Quizá debía empezar a escuchar a mi madre...

Me puse lo primero que pillé y fui al baño. Al salir miré el reloj, las 8:43. Bajé a la cocina, cogí una barrita energética y la mochila y fui hacia donde había quedado con Dani.

-Justo a tiempo! -me dijo sonriente

-Si tú supieras...

Y así, hablando y entre bromas llegamos al instituto. Nos despedimos y cada uno se fue a su clase. En cuanto pasé por la puerta un golpe seco me hizo caer al suelo. ¡¿Qué había sido eso?! Miré hacia arriba y vi a la chica que estaba hablando con Dani ayer, mirándome con cara de asco.

-Ten más cuidado niñata -me dijo con la misma cara de asco.

No me dio tiempo a moverme cuando apareció Diego y me extendió la mano para ayudarme a levantarme, con sus característicos hoyuelos. Le sonreí agradecida y me levanté con su ayuda. Su sonrisa desapareció rápidamente y miró a la rubia teñida.

-Ten más cuidado tú Claudia -le dijo- además, no la llames niñata, se llama Alex.

Los ojos de la chica expresaban sorpresa, no creo que la plantaran cara normalmente. Pero enseguida su mirada cambió.

-Vaya, veo que tus padres acertaron al ponerte un nombre de tío -dijo mirándome de arriba a abajo.

Mis puños se cerraron y bajé la mirada al suelo. Pasé a su lado ignorándola para irme a mi sitio. Dejé la mochila en el suelo y me acerqué a mis amigas que me estaban mirando, obviamente lo habían visto todo.

-Será puta...de un puñado la arrancaría yo ese pelo teñido, que no puede con esas raíces castañas -hablé por lo bajo haciendo reír a las chicas.

El profesor entró y no dio tiempo a que dijeran nada. Cada una se fue a su sitio y miré a Diego cuando se sentó a mi lado. Le tendría que hablar para agradecerle que me hubiera defendido.

-Gracias -susurré en su dirección.

-¿Por? -preguntó en el mismo tono. Su sonrisa ya había vuelto y con ella los hoyuelos.

-Ya sabes por qué -rodé los ojos

Dio una pequeña carcajada y se acercó más a mí -No hay de qué guapa. Lo que no entiendo es por qué no le has puesto las cosas en su sitio tú.

Di una sonrisa de lado y por suerte el profesor me salvó.

-Ya que hablan mucho por ahí detrás me imagino que no tendrán problema en decirme lo que estaba diciendo -dijo más alto mirándonos a nosotros dos.

-Por supuesto -contestó mi compañero- estaba diciendo que se llama David, que va a ser nuestro profesor de matemáticas en este curso, que espera que no haya problemas y que si nos surge cualquier cosa podemos preguntarle sin problema.

Miré asombrada a Diego, yo no había oído una mierda. Cuando el profesor continuó hablando y nos dejó en paz me habló en bajo.

-Son muchos años en este instituto, siempre dice lo mismo el primer día -me guiñó el ojo contestando a la pregunta que no había formulado. Solté una pequeña risita y me centré en lo que decía el profesor.

Tras esa clase tuve biología y después inglés. Cuando sonó el timbre mis dos amigas me agarraron del brazo y tiraron hacia el patio. Fueron a un banco en una esquina del recinto donde estaban los chicos. Derek, que estaba de pie, al vernos nos saludó y pasó un brazo por mis hombros. Con los chicos también había hecho una buena relación en este verano.

-Bienvenida a "nuestro banco". Si no sabes dónde estamos probablemente estaremos aquí. -asentí.

***

Ya había pasado toda la semana, estábamos a viernes y los viernes salíamos antes ¡Yujú!

-Ey una cosa Alex...-se me acercó Diego mientras metía mis libros en la mochila. Parecía un poco nervioso -que había pensado que a lo mejor te apetecía quedar a tomar un helado esta tarde... -abrí la boca para decir algo pero no me salían las palabras. Diego y yo habíamos hablado bastante esta semana y me caía muy bien, pero no me esperaba esto. Al ver que no contestaba continuó hablando -sería solo dar una vuelta o algo si no tienes planes ya y te apetece, claro. Bueno, te dejo mi número y ya me avisarás.

Apuntó su número en mi cuaderno, me dio una de sus sonrisas y se fue. Recogí lo que me quedaba y salí de clase. Sí, mis maravillosas amigas me habían dejado sola al ver que se acercaba Diego. Ya todos juntos en el patio salimos a la calle y, como todos los días, cuando llegamos a la calle en la que nos teníamos que separar Dani y yo del resto giramos, pero esta vez Jenny y Eli vinieron con nosotros ya que venían a comer a mi casa. Las chicas y yo teníamos una conversación pendiente y se veía que lo sabían ya que no pararon de mirarme de manera extraña en todo el camino. Estuve todo el tiempo pensando en lo mío, hasta que sin darme cuenta ya habíamos llegado a casa. Dani se despidió de mí con un beso en la mejilla y se fue. En un momento todo lo de Diego se me fue de la cabeza, pero no tardó mucho en volver ya que en cuanto cerré la puerta de casa mis dos amigas gritaron.

-¿¡Qué te ha dicho!? -Menos mal que no había nadie en casa. Dejamos la mochila al pie de la escalera y me siguieron a la cocina.

-Nada...me ha preguntado que si iba con él a tomar algo esta tarde -dije intentando no darle mucha importancia -pero no creo que vaya -me apresuré a decir.

-¿¡Qué!? -gritaron de nuevo las dos a la vez. ¿Estaban sincronizadas o qué?

Les conté todo tranquilamente mientras comíamos.

-Pues yo creo que deberías ir -dijo la pelirroja terminando de comer. Jenny asintió con la cabeza.

-¡Hola! -se escuchó la voz de Cris desde el otro lado del teléfono en modo manos libres. Ni me había dado cuenta de que la estaban llamando.

-Hola -contestamos las tres.

-¿Qué tal? ¿Pasa algo? Alex te veo muy seria

-Diego la ha dicho que si se iban esta tarde a dar una vuelta y dice que no quiere ir-dijo Eli.

-Joee pero que no es para tanto-me quejé

-Vas a ir -dijo mi mejor amiga toda convencida. Abrí la boca para replicar pero no me dejó hablar -Según me has ido contando esta semana el chico se ha portado genial contigo. Y solo te ha dicho que si os vais a dar una vuelta, no te ha pedido que te cases con él. ¿Estáis de acuerdo conmigo, chicas? -las dos asintieron y yo resoplé.

-Vaale -cogí el móvil, escribí el número de Diego y le mandé un Whatsapp.

"Me apetece el plan. ¿Dónde quedamos?"

viernes, 7 de noviembre de 2014

Capítulo 8

Habían pasado ya tres semanas desde que admití que me estaba enamorando de Dani y el verano ya estaba terminando. Lo había pasado genial en este tiempo, si no salía con Dani al jardín nos íbamos a dar una vuelta o quedaba con Jenny y Eli. Uno de los fines de semana vino Cris a casa y no nos separamos ni un segundo, la había echado mucho de menos, a pesar de haber estado hablando todos los días con ella, no era lo mismo. Le presenté a mi nueva panda de amigos y para ella ver a Dani en persona fue un bombazo. 'No, si parecía tonta la niña' dijo por lo bajo cuando le vio.
Eran las 2:00 a.m., al día siguiente empezaba el instituto, 1º de bachillerato, y aún no me había conseguido dormir. Los nervios atacaban como armas nucleares mi estómago y cuando por fin me conseguí dormir las pesadillas abordaron mi mente. Sé que puede parecer exagerado solo por empezar en un nuevo instituto, pero es que mi experiencia hacía que me pusiera alerta.
La voz de mi madre comenzó a sonar por alguna parte de mi habitación y me esforcé por abrir los ojos, pero no podía. Casi no había dormido nada. Oí como mi madre subía la persiana de mi cuarto y la luz empezó a brillar a través de mis párpados. La cama se hundió por un lado y mi madre se acercó a mí hasta darme un beso en la frente.
-Despierta cariño, hora de levantarse
Gruñí. A esas horas no podía pronunciar una sola palabra coherente.
-Al menos abre los ojos -insistía mi madre.
Con dificultades los conseguí abrir y parpadeé varias veces hasta que mi vista se acostumbró a la luz. Miré a mi madre que me dirigió una cálida sonrisa y luego se levantó para salir de mi cuarto mientras decía "así mejor".
Forcé a mi cuerpo a moverse y después de unas pocas peleas con las sabanas conseguí salir de la cama. Me puse la ropa que había dejado preparada la noche anterior (nada muy extravagante, solo unos shorts vaqueros, una camiseta y mis amadas converse) y me dirigí a la cocina. Allí ya estaban mis hermanos desayunando como zombis y seguramente yo tendría una cara parecida. Me tomé la leche con cereales en silencio y subí al baño para terminar de arreglarme. Cuando ya estaba lista cogí la mochila, el móvil y los cascos; le di un beso a mi madre, despeiné a mis hermanos solo por fastidiarlos y me fui de casa.
Iba con treinta minutos de adelanto, pero no quería aparecer tarde el primer día y no sabía cuánto tiempo exacto tardaría en llegar al instituto. Comencé a caminar, al ritmo de la música que sonaba en mis oídos, en la dirección en la que me había dicho mi madre cuando me dijo cómo llegar a mi nueva cárcel. En un cuarto de hora ya había llegado, ¡genial! ¡eso significaba un cuarto de hora más para dormir los próximos días! Pensar en dormir me dio todavía más sueño y tuve que sacudir la cabeza para despertarme un poco. Entré al instituto con la cabeza gacha, fui directa a un banco libre y saqué el ebook. Según la explicación que me dio el director el día que vine para que me mostraran las instalaciones, los aparatos electrónicos estaban permitidos en el instituto siempre y cuando prestáramos atención en clase. Estaba sumergida en mi libro cuando unas manos cubrieron mis ojos.
-Mmm...¿hola? -fue lo único que se me ocurrió decir.
-¿Quién soy? -preguntó una voz que conocía muy bien.
-¡Dani! -aparté sus manos de mi cara, dejé el ebook en el banco y me levanté para darle un pequeño abrazo- ¿Qué haces aquí?
-Pues iba a irme hacia mi clase cuando me pareció verte en el banco...
-Espera, espera -lo interrumpí- ¿vas a este instituto?
-Creo que eso ya estaba claro -rodó los ojos, le golpeé en el brazo y soltó una carcajada- sí, vamos a este instituto ya que no hay muchos más por la zona.
-¿Vamos? es decir, que ¿el resto también viene a este instituto? -pregunté emocionada. No sé cómo no se me ocurrió preguntar a qué instituto iban...
-Sí -respondió con voz cansada- no se te da bien eso de madrugar, ¿eh? Venga anda, que te llevo a tu clase.
No respondí. Me limité a sacarle la lengua y recoger mis cosas para luego seguirle.
Dani me llevó hasta la que, según las listas colgadas en la pared, era mi clase y se despidió prometiéndome ver en el recreo. Entré temerosa en el aula y miradas curiosas se giraron para mirarme. Me sonrojé y enseguida bajé la vista al suelo. Unas voces llamaron mi atención.
-¡Alex! ¡Alex! ¡Aquí! -miré en busca de las voces y vi a Jenny y Eli moviendo sus manos para llamar mi atención desde el fondo de la clase. Fui hacia donde estaban ellas y las di unos pequeños abrazos- ¡Qué bien, te han puesto con nosotras en clase!
Asentí ilusionada y miré hacia las dos chicas que estaban al lado y no conocía.
-Ups, se me olvidó presentaros -dijo obviamente Eli- estas son Blanca y Andrea.
Saludé a las dos chicas, Blanca era delgada y tenía el pelo rubio recogido en dos coletas, en cambio Andrea era más rellenita y su flequillo oscuro le tapaba gran parte de la cara.
-Bien clase, tomen asientos -entró una profesora de alrededor de cuarenta años.
Nos sentamos las cinco en la esquina de la clase, Andrea y Banca en la última fila, Eli y Jenny en la penúltima delante de las otras dos y yo delante de Jenny, pegada a la ventana. Una cabellera rizada se sentó rápidamente a mi derecha y cuando se giró vi unos ojos verdes y una sonrisa acompañada de hoyuelos.
-Hola, soy Diego.
Me sorprendió que me hablara, pero quizás tenía que empezar a acostumbrarme...
-Alex
-Alex...¿de Alejandra? -Asentí con la cabeza- No hablas tú mucho ¿no?
Me sonrojé notablemente, lo cual hizo reir a Diego -lo siento
-¡No tienes que pedir perdón hombre! -dijo alegremente- ¿y eres nueva en la ciudad o solo en el instituto? Este instituto no es muy grande y me sonarías al menos de vista si te hubiera visto por aquí antes.
-Soy nueva en la ciudad
-¡Cilencio por favor! -la voz chillona de la profesora sonó por toda la clase- hoy cerá un día de precentación cimplemente -dijo la señora. Además de esa voz insoportable... ¡ceceaba!- mi nombre ez Zandra y ceré vueztra tutora durante ezte curzo....
Después de TRES horas hablando, dándonos nuestros horarios y leyéndonos las normas del colegio como cuatro veces, por fin nos dejó irnos a casa.
-¡Bueno pues hasta mañana! -dijo Diego justo antes de levantarse y salir con la estampida de adolescentes.
-¡Adiós! -le contesté y comencé a guardar las cosas en la mochila.
Cuando terminé de recoger estaban Eli y Jenny esperándome con unas sonrisas pícaras en sus caras -Me dais miedo ¿Qué pasa?
-Diegooo -dijo la pelirroja mientras salía de la clase ya vacía dando pasos a lo Heidi.
Mi cara sería épica en ese momento ya que en cuanto miré a Jenny, esta lo único que hizo fue comenzar a reirse como loca. ¿¡Es que era yo la única normal ahí!?
-Nada, déjalo -contestó cuando consiguió dejar de reirse.
Empezamos a caminar hacia las escaleras que daban al patio y desde arriba pude ver a mis amigos. Eli estaba pegando a su hermano, Derek con el móvil y Dani hablando con...espera, ¿quién era esa? Me había parecido verla en mi clase pero no estaba segura. Bajamos las escaleras y fuimos hacia donde les habíamos visto hacía unos instantes. La pu...perdón, la chica de antes ya no estaba. Jenny se lanzó a los brazos de Adrián y comenzaron a besuquearse ahí en medio de todos. Rodé los ojos y les pasé de largo, caminando hacia Dani. Él se rió ante mi cara al ver a nuestros amigos y pasó un brazo por encima de mis hombros. Enseguida sonreí tontamente.
-¿Qué tal el primer día?
-Bien, aunque tengo dolor de cabeza por culpa de la voz de la "ceñorita Zandra" -dije imitando la voz de nuestra tutora.
Él se rió para luego decir "buena suerte".
-Que buenos amigos tengo, cada día los quiero más...-dije con un tono sarcástico. Lo que hizo que se riera todavía más. Me separé un poco de él y comencé a pegarle golpes en el hombro. -Deja.de.reirte.cacho.imbécil -dije entre golpe y golpe mientras reía por la situación.
De repente dejó de reirse y antes de que me diera tiempo a reaccionar estaba subida encima de sus hombros. ¿Es que esto se estaba haciendo costumbre o qué?
-¿¡Pero qué haces idiota!? ¡Bájame!
-¡Ay idiota! -dijo haciéndome burla- ¿vas andando a casa?
-Sip
-Vale, perfecto -y dicho esto comenzó a caminar
-¿QUÉ? ¡NO! ¡SUÉLTAME YA! -dije mientras le pegaba en la espalda para que me bajase. Al pasar por delante de nuestros amigos me despedí con la mano, pero solo fue cuando vi sus miradas divertidas cuando me di cuenta de que todo el mundo me debía estar mirando. ¡y yo no quería llamar la atención! -¡DANI YA! ¡¡¡¡BÁJAME!!!!
-Vale, te suelto pero no te escapes
-Vaaale -dije mientras cruzaba los dedos en mi espalda. En cuanto mis pies tocaron el suelo salí disparada en dirección a mi casa. ¿Esto llamaría más la atención? No lo se, pero era en momentos como ese en los que me alegraba de haber entrenado en atletismo.
No paré de correr hasta llegar a casa.
No había nadie, mis hermanos seguían en el colegio y mis padres estaban trabajando. Subí a mi cuarto, saqué mi movil de la mochila y luego tiré esta al suelo. Salté a mi cama y en cuanto encendí el móvil las alertas comenzaron a sonar avisándome de que tenía tres llamadas de Dani y cuatro mensajes también suyos. Pulsé en su contacto y le di al botón de llamar. Simplemente sonaron tres tonos antes de que contestaran al otro lado de la línea.
-¡Alex! ¿¡estas bien!? -gritó Eli al otro lado del teléfono.
-¿Eli? ¿Qué haces tú con el teléfono de Dani?
-Oh, que bonitoo -dijo mi amiga en tono sarcástico- nada de un "Eli estoy bien, gracias por preguntar" o un "que buena amiga eres por preocuparte por mi"
Me reí -Gracias Eli por preocuparte por mi, pero no había por qué, solo me he ido a casa.
-¿¡Solo!? ¡Te has ido como si te estuviera persiguiendo el diablo!
Solté una carcajada -Estoy bien, en serio. ¿Me pasas a Dani? Luego hablamos por Whatsapp.
-Claro, chau -un ruido sonó al otro lado del teléfono hasta escuchar la voz de Dani -ALEJANDRA, NO ME VUELVAS A HACER ESTO EN TU VIDA M...
-lo primero -dije interrumpiéndole- me llamo Alex. Lo segundo ¿qué te he hecho yo? Solo he ido a mi casa andando rápido-contesté con voz inocente
Suspiró pesadamente- Andando rápido, sí seguro...-decía más para él que para mi- Bueno, ¿estás bien seguro? -pude escuchar como se relajaba al otro lado del teléfono.
-Siii pesadoooo
-Vale, solo es que....me preocupo por ti

jueves, 25 de septiembre de 2014

Capítulo 7

Me asomé al balcón de mi habitación. Desde ahí podía ver todo el jardín, era genial. Escuché ruido de agua y miré hacia la piscina. Ahí estaba él, nadando a toda velocidad de un lado a otro. Decidí salir al jardín por lo que entré a mi cuarto a ponerme el bikini.
Esa mañana me había levantado pronto, las pesadillas no me dejaban dormir mucho. Ya estaba harta de recordar tantas veces lo mismo. Esa sensación de ahogo que me llevaba agobiando desde los cinco años.
Cuando vi que no podría volver a dormirme saqué el ebook para seguir leyendo. Solo paré para desayunar y ponerme un chandal. Luego continué leyendo hasta terminármelo. Definitivamente "Hey idiot, I love you" era uno de mis libros favoritos.
Me puse mi bikini verde azulado y me hice una coleta alta. Cogí la toalla, el móvil y los cascos y salí al jardín.
Fui caminando por el césped con la mirada fija en la piscina aunque, para ser más exactos, en Dani. Su cabeza se movía de un lado a otro mientras nadaba y los brazos entraban y salían del agua a toda velocidad. Me quedé embobada un buen rato, hasta que me di cuenta de que paraba en un lado a coger aire y su mirada viajó hasta donde yo estaba. Cuando me vio mostró una gran sonrisa y me saludó con la mano.
-¡Hola! -gritó desde la piscina- vente al agua, ¡está buenísima!
Un pequeño nudo se me hizo en la garganta y unas pocas lágrimas amenazaron con salir. Parpadeé rápidamente para hacerlas desaparecer y luego negué con la cabeza, mostrando una pequeña sonrisa. Seguí caminando hacia una zona donde daba el sol a dejar la toalla y él volvió a nadar.
Me tumbé boca abajo y me puse los cascos. La música inundó mis oídos y comencé a cantar muy bajito. La tristeza que me había abordado hacía unos segundos desapareció.
No se cuanto tiempo había pasado tal vez horas, tal vez un par de minutos, (casi seguro que la segunda opción) cuando apareció una toalla extendiéndose a mi lado, y acto seguido un chico se tumbó en esta.
-Hola -le leí los labios y mientras me quité los cascos.
-Hola-sonreí
-El agua estaba muy buena, podrías haberte dado un baño.
La piel se me puso de gallina. ¿Lo estaba haciendo aposta? No, no creo. Conozco poco a Dani, pero lo suficiente para saber que no me haría eso.
Me encogí de hombros -No me gusta bañarme
Cambiamos de tema y estuvimos un rato hablando de cosas sin importancia, hasta que sus ojos cayeron en mi cintura, cerca del ombligo.
-¿Qué es eso de ahí? ¿Una cicatriz o una marca de nacimiento?
-U-una marca de nacimiento -titubeé. No me gustaba mentirle, pero con el tiempo había aprendido que la gente es muy curiosa, y si contestaba que era una cicatriz empezarían a preguntar cómo me la hice, y no quiero recordarlo.
-Ah, pensé que era una cicatriz -acercó su mano a mi ombligo y un escalofrío me hizo estremecer al sentir sus dedos sobre mi piel.
Me miró con una sonrisa juguetona en la cara, oh no, ¿ahora qué? ¿Habría notado que me había estremecido por su contacto?
-¿Tienes cosquillas? -bueno, definitivamente que pensase eso era mejor que la verdad...pero antes de que me diera tiempo a decir nada comenzó a mover sus dedos con rapidez por todo mi estómago y yo me retorcí y reí a carcajadas.
Intenté moverme pero rápidamente se colocó encima mío para que no pudiera escapar. Después de varios minutos riendo, paró para descansar y coger aire. Colocó los brazos a ambos lados de mi cabeza y lo único en lo que podía pensar era en lo cerca que estábamos. Podía sentir su respiración agitada golpeándome y sus ojos mirándome fijamente. Su cuerpo sobre el mío intentando no aplastarme demasiado y sus labios abriéndose y cerrándose cada poco tiempo para respirar.
Tenía que dejar de pensar que a solo unos centímetros tenía su boca, que con moverme un poco podría estar besando esos labios.... Tenía que hacer algo antes de volverme loca.
Pensé e hice lo primero que se me ocurrió. Aprovechando que estaba distraído coloqué mis manos sobre su pecho, intentando no pensar mucho en lo firme que era, y lo empujé lejos de mí. Me levanté lo más rápido que pude y salí corriendo por el jardín.  Escuché unos gritos y pasos cerca, miré por encima de mi hombro y vi a Dani corriendo detrás de mí. Chillé como una niña pequeña y continué corriendo pero Dani no tardó mucho en alcanzarme. Sentí sus brazos rodeándome por la cintura por detrás y volví a chillar. De repente mis pies dejaron el suelo y me encontré subida a su hombro como un saco de patatas. Me entró la risa floja por sentir la presión sobre mi tripa.
-De-déjame...suelta...!! -grité entre risas mientras pataleaba y le golpeaba la espalda.
-Sí, si te dejaré, pero en la piscina
-¡¿QUÉ?! -la risa paró de golpe- NO, NI SE TE OCURRA. SUÉLTAME. BAJAME -seguí golpeando pero esta vez no lo hacía en broma.
Sentí como Dani caminaba conmigo encima en dirección a la piscina y me entró un dolor de tripa terrible. Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas pero no podía permitir que me viera llorar, no otra vez. Intenté mantener la calma y coger aire, aunque era difícil.
Paró de golpe y cerré los ojos esperando el terrible momento. En cambio, me movió despacio hasta que quedé cuerpo con cuerpo, sus brazos alrededor de mi cintura y los míos alrededor de su cuello, donde estaba enterrada en mi cabeza. Bajé los pies al suelo y me di cuenta de que estábamos en el bordillo de la piscina. Hundí la cabeza con más fuerza, temblando incontrolablemente.
-Po-por favor Dani -susurré- no me tires al agua. No se nadar.
-No vas a necesitar nadar -sus brazos se apretaron más a mi cintura y saltó a la piscina, llevándome a mí a rastras.
En el momento en que sentí el agua por todo mi cuerpo, las imágenes me vinieron a la mente. Rodeé a Dani con mis piernas por la cintura e intenté borrar los recuerdos.
No tardamos ni dos segundos en sacar la cabeza a la superficie y cogí aire. Mi cabeza no se había movido del hueco entre el hombro y el cuello de Dani en ningún momento.
-No pasa nada Alex -me dijo al oído para tranquilizarme- el agua no nos cubre mucho más del estómago. No vas a hundirte.
-Por favor...Dani...sácame...de...aquí -las palabras salían con dificultad.
No soy tonta, sabía que no me iba a hundir ya que el agua no llegaba a cubrirme ni los pechos. Pero las imágenes en mi cabeza me estaban aterrando, acechando a cada segundo y no podía soportarlo.
Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos cuando ya no pude contenerlas por más tiempo.
-Esto no es solo porque no sabes nadar, ¿no?
Negué con la cabeza.
No necesitó nada más. Caminó conmigo, subida como un koala, hacia las escaleras de la piscina. No tenía fuerzas para soltarle, pero por suerte no hizo ningún amago de ello. Subió sin aparente dificultad y me llevó hasta donde estaba la toalla. Me dejó en el suelo de pie con delicadeza y se agachó a coger la tela. La envolvió sobre mis hombros, sin apartar la mirada de mis ojos en ningún momento. Cuando ya estaba cubierta, sin ningún tipo de aviso, me abrazó con fuerza. Al principio estaba un poco tensa por la sorpresa, pero no tardé mucho en relajarme en sus brazos, apoyando la cabeza en su pecho.
-Yo... -comenzó a hablar después de un rato- lo siento mucho Alex. No sabía....
-No -negué interrumpiéndolo- no pasa nada, en serio. Sé que no lo hacías con malas intenciones.
Y en verdad lo sabía, creía firmemente que no lo había hecho aposta.
Se separó un poco de mí para mirarme a la cara.
-Si...si hubiera sabido que pasó algo...
Sentí que debía decirle. En realidad no quería, pero yo creo que merecía una explicación a mi reacción.
-Tenía...tenía cinco años... -paré para respirar. Esto se estaba haciendo más difícil de lo que pensaba. Cogí aire para seguir hablando pero cuando le miré a los ojos me quedé callada. Estiró su mano hacia mí y recogió un mechón de pelo tras mi oreja.
-No hace falta que me lo digas ahora. Pero quiero que sepas que cuando estés lista estaré ahí para escucharlo -su mirada era sincera, al igual que la sonrisa de agradecimiento que apareció en mi cara tras aquellas palabras. En realidad no estaba segura que que hubiera podido contarlo todo.
-Gracias -susurré- creo que me voy a ir a casa.
Él asintió con la cabeza y me dio un beso en la mejilla.
-Descansa Alex -me dijo al oído antes de separarse.
Mi corazón se derritió ante aquellas palabras. Como siguiera diciendo cosas de ese estilo me acabaría enamorando de él.
Pero bueno, en serio, ¿a quién quería engañar?
Ya me había enamorado de él. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Continuación Cap 6

Alex
-Lo siento tío por llegar tarde. A las chicas se les antojó irse de compras y ya sabes lo que tardan ellas… -dijo el chico que estaba agarrado de la rubia. Él era moreno, no muy alto y de ojos claros, aunque a esa distancia no podía distinguir bien de qué color exacto eran.
La chica lo golpeó en el hombro y él fingió una mueca de dolor, pero enseguida comenzó a reír. Ver su cara me hizo sonreír un poco, a lo mejor esto no era tan malo al final de todo…
-No se nos “antojó” ir de compras. -dijo ella a la defensiva, moviendo los dedos como comillas- No queríamos venir a un cumpleaños con las manos vacías.
Cuando llegaron hasta donde estábamos nosotros, la chica que iba detrás se acercó la primera a mí. Su pelo era rojo, claramente teñido, pero la quedaba muy bien, contrastaba con sus ojos azules.
-¡Hola! Tú debes de ser Alex -dijo alegremente y me dio dos besos- yo me llamo Eli.
-Ho-hola -contesté titubeando. Ahí estaba de nuevo mi timidez para hablar con la gente, GENIAL. En mi pueblo, con las únicas personas con las que hablaba además de mi familia era con mis profesores y con Cris y sus padres. Cuando tenía que hablar con alguien más, los labios me comenzaban a temblar y las manos a sudar. Nos sorprendió muchísimo, tanto a mí como a Cris y a mis padres, que con Dani no hubiera tenido problemas a la hora de hablar. Mis padres lo atribuyeron a que el cambio de ciudad me estaba sentando muy bien y Cris…bueno Cris dijo que eso era “una señal del destino", típico de ella. Cogí aire como tantas veces había hecho cuando estaba nerviosa y dirigí mi mirada hacia la pelirroja. Ella seguía sonriendo, lo que me hizo más fácil relajarme y sonreír también- sí, soy yo.
-Ésta es Jenny -continuó hablando Eli. La rubia se acercó y me dio dos besos sonriente- y éste es su novio Adrián -cuando el moreno se acercó a darme los dos besos me fijé en sus ojos, antes me había quedado con la intriga de saber de qué color eran. Eran azules y antes de que me diera tiempo a pensar que me sonaban esos ojos Eli siguió hablando- que por cierto, también es mi hermano.
Me fijé en Adrián y después en Eli. Estaba claro que eran hermanos, sus ojos eran clavados y en el resto de la cara se parecían mucho.
-¿Sois mellizos? -pregunté con curiosidad
-No -contestó esta vez el chico- yo soy un año mayor que ella, es mi hermanita pequeña -dijo con tono burlón y revolviéndole el pelo a Eli. Ella puso los ojos en blanco y suspiró exagerando. Luego continuó hablando, se veía que a la chica le gustaba hablar, eso me recordaba a Cris.
-Y el rubiales de aquí al lado es Derek
El chico se acercó a darme dos besos como los demás y luego miró con cara asesina a la pelirroja.
-No soy rubio
-Como si lo fueras, eres castaño muy clarito
-Pero yo no soy rubio porque no soy tonto -él parecía enfadado, pero sus ojos me decían que estaba bromeando.
-Eh! Que yo soy rubia! -gritó indignada Jenny.
-Pues eso…ya tenemos la prueba… -dijo riéndose, pero no pudo acabar porque la chica levantó la mano, amenazándolo con pegarlo y él como acto reflejo se cubrió la cabeza con las manos, lo que nos hizo reír a todos, incluida a mi.
-Ja! Al parecer te da miedo una rubia tonta eh -dijo Jenny riéndose de Derek
-Vale vale, retiro lo dicho. Las rubias no son tontas. -contestó Derek en señal de rendición y Jenny puso una sonrisa triunfante.
Eso provocó más carcajadas de nuestra parte.
-Ah por cierto, que al final se nos olvida. ¡Feliz cumpleaños! -dijo Eli
-¡Eso! ¡Felicidades! -gritó Jenny
-CUMPLEAÑOS FELIZ, CUMPLEAÑOS FELIZ, TE DESEAMOS TODOS, CUMPLEAÑOS FELIZ -cantaron todos a la vez. Desafinaron como el infierno, pero ¿quién no desafina cantando esa canción?
Reí entre dientes.
-Muchas gracias
-Ah y toma, tu regalo -me tendió una bolsa- no sabíamos qué te podría gustar, pero vimos esto y nos encantó. Espero que sea de tu talla.
-No hacía falta que me comprarais nada -sonreí en agradecimiento
-Pero queríamos -dijo Jenny.
Abrí la bolsa y saqué una camiseta ombliguera verde azulado de tirantes.
-Me encanta -dije sinceramente. Me la coloqué por encima y parecía que sí era mi talla.
-¿De verdad? Porque está el tíquet regalo dentro por si...
-En serio, me encanta -la corté y miré a todos- muchas gracias

Seguimos hablando de cualquier cosa hasta que llegaron unas pizzas para cenar. El tiempo se me pasó volando y la decepción del principio por no estar a solas con Dani desapareció. Eran todos muy simpáticos y divertidos. Derek era el más bromista de todos y no paré de reír en toda la tarde.
Cuando ya era la hora de irse nos dimos nuestros números de teléfono y prometimos seguir en contacto, le di dos besos a todos y salí con Dani hacia el ascensor. Fuimos callados casi todo el camino porque no sabía qué decir, pero era un silencio cómodo, al menos para mi. Fui mirado el paisaje por el que pasaba y memorizando el camino hasta casa de Derek.
Cuando llegamos a mi casa me paré y le miré.
-Muchas gracias por este cumpleaños. Me lo he pasado genial.
-Me alegro mucho de oír eso -mi mirada cayó a los labios de Dani y a esa sonrisa que siempre tenía.
Se acercó más y noté de nuevo mi corazón acelerarse. Me dio un beso en la mejilla y podría jurar que sentí sus labios varios segundos después de que se separara.
-Hasta mañana Alex
-Hasta mañana Dani
Me di la vuelta y me metí en mi casa con una sonrisa de tonta pintada en la cara.
Al entrar en casa vi que todos dormían ya. No era muy tarde pero mis padres tenían que trabajar al día siguiente y mis hermanos eran pequeños aun, por lo que dormían pronto. En cuanto llegué a mi cuarto cogí el móvil y me metí en Whatsapp para mandarle un mensaje a Cris.
Yo: Ya he llegado
La respuesta llegó enseguida.
Cris: Cuéntamelo todooo! ¿Skype?
Yo: No puedo, mis padres están durmiendo
Cris: Vale pues cuenta por aqui ;)
Cris: A dónde te ha llevado?
Cris: TE HA BESADO?!
Yo: Me vas a dejar hablar?
Me reí ante la pantalla.
Yo: No ha sido como nosotras esperábamos...
Cris: Qué?
Cris: Por qué?
Cris: Alex, cuenta!!
Yo: Estoy intentándolo pero no me dejas -.-"
Yo: Mejor te llamo por Skype y hablamos bajito
Cris: valep :)
Le empecé a contar todo y se puso a gritar e insultar cuando se enteró de que aparecieron sus amigos, tuve que mandarla callar. Cuando terminé de contarle todo ya estaba más contenta, nos despedimos hasta el día siguiente y colgué.
Me puse el pijama y dejé la ropa tirada encima de la silla, ya la recogería mañana. Me tumbé en la cama y cuando fui a dejar el móvil en el cargador este vibró.
Nuevo mensaje
Abrí el Whatsapp y sonreí en cuanto lo leí. Contesté igual y dejé el móvil para dormir.

"Dani: Buenas noches ;)"

domingo, 24 de agosto de 2014

Capítulo 6

Dani

Estábamos apoyados en la barandilla, con la vista fija en el horizonte. Pero yo no estaba mirando el paisaje, mi cabeza estaba en otro lugar. Y para ser más exactos, a unos cuantos centímetros a mi derecha. 
En ese edificio vivía mi amigo Derek y esas vistas las había visto miles de veces. A pesar de eso, me seguían pareciendo preciosas. Cuando le llamé anoche para contarle lo que había planeado, enseguida me dijo que podía hacerlo en su edificio. Así que me me pasé aquella tarde a decorar todo y a coger sus llaves de repuesto, para poder abrir la puerta en cuanto llegáramos.
De reojo miré a mi derecha y ahí estaba Alex. Ella miraba maravillada el paisaje, ajena a que la estaba mirando. Su cabello se movía ligeramente por el viento lo que me daba mejor acceso a verla detrás de su flequillo. Se movió un poco y pensé que me habría pillado mirándola, pero no era así, simplemente se había cambiado de posición. Un niño pasó por la calle corriendo y riendo y vi cómo ella sonreía más, riéndose un poco por el pequeño.

Me vino a la cabeza el recuerdo de cuando esa tarde le puse el pañuelo en los ojos y una sonrisa estúpida apareció en mi cara. Esperaba que ella no me viera en ese momento.

"Estaba delante de ella, pero no me veía porque tenía los ojos tapados. Estaba seguro de que no me veía porque había hecho movimientos delante suyo para asustarla y no había reaccionado. La sonrisa no desaparecía de su boca.  Antes de que me diera cuenta tenía mi manos sujetando sus hombros y mi cara a pocos centímetros de la suya. Podía sentir su respiración agitada y estaba lo suficiente cerca como para oler su perfume. Vi cómo se pasaba la lengua velozmente por los labios y ahí no me pude controlar. Me acerqué todavía más, pero cuando mis labios estaban a un centímetro de los suyos me separé rápidamente. Me puse recto ya que me había agachado un poco para estar a su altura cuando fuera a bes...Sacudí la cabeza. ¿En qué estaba pensando?"

Unos gritos me sacaron de mis pensamientos. 
-¡Ya estamos aquí! -chilló con su voz alegre Jenny. Me giré hacia ella y venía de la mano de su novio Adrián, otro de mis mejores amigos. Derek y Eli venían detrás de ellos también sonrientes y Eli traía una bolsa en la mano. 
-¡Ya era hora! Habíamos quedado a las ocho y veinte y son las nueve menos cuarto -dije mirando mi reloj fingiendo un tono acusador. En realidad ni me había dado cuenta de la hora que era.
Miré a Alex y estaba mirado hacia mis amigos. Sus sonrisa había desaparecido en su mayor parte y sus ojos se veían...¿llorosos? ¿En serio, se había emocionado por ver a mis amigos? 

Nunca entenderé a las chicas. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Capítulo 5

-Tiaaa!! -fue lo primero que escuché al contestar a Cris en Skype
-Dimee -contesté con una sonrisa enorme
-¿¡Cómo que dime!? ¿¡Me estás tomando el pelo!? ¡Que te pasa a recoger en dos horas!
-¡Ya lo sé! Ya hemos tenido esta charla por la mañana- intentaba no parecer tan nerviosa, pero en realidad tenía el estómago revuelto y las uñas mordisqueadas.
-¿Sabes ya lo que te vas a poner?
-¡Noo! por eso te llamo
-Vale bien, entonces no sabes a dónde te va a llevar, ¿verdad? -negué con la cabeza y suspiré pesadamente. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa, si eso era posible- no te estreses y abre el armario, ya me sé toda tu ropa pero necesito verla bien otra vez.
Después de probar varios conjuntos nos convencimos por que fuera con unas manoletinas negras, unos pantalones vaqueros cortos y una blusa de tirantes también negra. Me despedí de Cris, cerré el ordenador y me fui corriendo al baño. Habíamos perdido más de media hora para vestirme. Me alisé el pelo con la plancha dejando la raya a un lado, como hacía siempre. Luego saqué el maquillaje. No me gustaba pintarme mucho así que lo único que hice fue echarme brillo labial y en los ojos pintarme la raya y poner rímel.
Volví a mi cuarto y me acerqué al joyero. Me puse un collar con un pequeño atrapasueños, era el regalo que me dio Cris antes de mudarme y, a pesar de que me había costado mucho, no lo había abierto hasta esta mañana, como le prometí. Dejé los pequeños aros negros que llevaba siempre en mis orejas y todas las pulseras de distintos colores que llevaba en mi muñeca. No me puse anillo porque me eran un poco incómodos y tampoco me puse reloj. ¿Quién se ponía ya el reloj? Admitámoslo, todo el mundo miraba el móvil cuando quería saber la hora.
Me miré en el espejo de cuerpo entero. Nunca me había considerado una chica guapísima pero tampoco me veía fea. Mi pelo negro y ahora totalmente liso caía hasta llegar debajo de mis pechos y mi flequillo atravesaba mi cara de un lado a otro, tapando un poco de mi ojo izquierdo. Mis ojos se veían todavía más grandes y verdes debido al maquillaje. Mi piel estaba morena por el sol que había tomado estos días y mis hombros estaban ligeramente quemados. 

En ese momento sonó el timbre y miré el reloj de mi cuarto. Las ocho en punto. Había que admitir que el chico era puntual.
 -¡Ya voooy! -grité desde mi habitación. Cogí mi pequeño bolso de encima de la cama y bajé corriendo las escaleras. Le di un beso a mis padres y salí por la puerta de mi casa. 
Me lo encontré de pie, esperándome en la entrada. Iba vestido con unas bermudas y una camiseta, vamos, lo normal de un chico en verano.
-Hola -saludé un poco nerviosa. 
-¡Felicidades! -Extendió los brazos y me atrapó en un abrazo- estás muy guapa, que lo sepas. 
Noté cómo la sangre subía por mi cara y estaba segura de que parecía un tomate andante, como siempre. Me obligué a sonreír y darle las gracias. Él también me sonrió y me quedé embobada durante unos segundos.
-¿A dónde vamos a ir? -pregunté comenzando a caminar un poco. 
-Ah un momento -dijo rebuscando en su bolsillo- tienes que ponerte esto en los ojos. 
Sacó un pañuelo rojo y comenzó a caminar hacia mí.
-No hace faltaaa, si no conozco la ciudad -me quejé. Estaba segura que me pegaría un buen golpe con eso en los ojos.
-Me da igual. No quiero que veas nada para que sea una sorpresa. 
Suspiré y dejé que me pusiera el pañuelo tapándome los ojos. Sus manos rozando mi pelo me hicieron temblar pero intenté no pensar en ello. Cuando ya lo había atado se puso delante mío para asegurarse de que no veía nada. Dijo lo típico de "cuántos dedos tengo" pero realmente no veía nada. El pañuelo no se trasparentaba ni un poquito. Durante unos minutos se calló. Seguía delante de mi y lo notaba muy cerca. Podía sentir su respiración. Colocó sus dos manos en mis hombros y se acercó un poco más. Me iba a besar. DE VERDAD ME IBA A BESAR. Me puse nerviosa y comencé a retorcer el borde de mi blusa. Mi corazón se iba acelerando, podía sentir cada latido bombear dentro de mi. Mis labios se secaron y pasé rápidamente la lengua para humedecerlos. Sentí cómo se acercaba todavía más. Y...de repente se alejó. Decepción corrió por todas mis venas, pero no podía permitir que lo notara.
-Agárrate a mí, seré tus ojos durante el camino.
Supuse que estaría manteniendo el brazo en alto, estiré mi mano y así era. Entrelazamos los brazos y se sentía tan bien que la tristeza que me había abordado hacía unos instantes desapareció, reemplazándola por una pequeña sonrisa.
-Me voy a caer. Estoy segura -gimoteé
-Que nooo, que yo te ayudo. Venga comienza a caminar. 
Me dio un pequeño tirón y comencé a moverme a su ritmo. Pasamos el siguiente cuarto de hora caminando juntos. El silencio solo se rompía por su parte con cosas como "cuidado, un escalón" o "a la derecha, que te chocas con un árbol". 
-¿Queda mucho? -pregunté como una niña pequeña. Caminar no me importaba para nada. Pero el no poder ver nada ya me estaba estresando.  
-No, queda poco. Y si te portas bien te daré una chuche 
Giré la cabeza hacia donde estaba él y saqué la lengua. 
-Bebé crecido... -le oí decir por lo bajo
-¡Te he oído!
-¡¿Qué he hecho yo ahora?! -dijo en tono sorprendido 
-Sisisi
Me reí un poco y él también lo hizo. Seguimos caminando por un rato cuando...
-¡Cuidado! ¡una moto! -gritó con todas sus fuerzas tirándome hacia donde estaba él. 
Chillé y pegué un bote hacia Dani. Con la mala suerte de tirarle al suelo cayendo encima suyo. Me quité el pañuelo de los ojos rápidamente, pero la mirada que me encontré no era la que me esperaba. Se estaba riendo por lo bajo. Entonces miré hacia los lados pero no vi ningún vehículo. ¡Ni siquiera teníamos la carretera cerca! Lo miré furiosa.
-¡¿Dónde está la puta moto?!
Eso hizo que se riera más fuerte. Seguía encima de él y botaba arriba y abajo por su risa. Vi cómo las lagrimas empezaban a salir de sus ojos mientras seguía riéndose como un loco. Entonces el enfado empezó a disminuir y me contagié de su risa. Cualquiera que nos viera....
Cuando conseguimos dejar de reírnos le miré directamente a los ojos y grité. 
-¡Eres un cabrón!
Dani se movió y antes de que me pudiera dar cuenta era yo la que estaba debajo de él. Me tenía las manos agarradas por encima de la cabeza y hacía el máximo esfuerzo por no hacerme daño con su peso.
-¡Gilipollas! ¡Suéltame! -grité entre risas retorciéndome, pero me tenía bien sujeta.
-Uy que palabrotera está hoy señorita -dijo en un tono burlón. Lo sentía muy cerca. Sus ojos marrones estaban mirándome a no mucha distancia y tenía su cuerpo apoyado levemente en mi cintura haciendo presión. 
-¡No te jode! ¡Me has pegado un susto de muerte! -eso hizo que se riera más fuerte- Además, si sólo querías acabar encima mío no tenías que montar tanto numerito -susurré un poco más cerca de sus labios. Solo un pequeño movimiento hacia delante y le estaría besando.  
Tenía una mirada divertida en sus ojos cuando le miré.
-No sabía que te tirarías encima mío. 
Dicho esto se dio impulso con los brazos y se levantó de un salto. Luego tendió la mano para ayudarme a levantar y la cogí encantada. Me puse de pie y solté su mano para sacudirme la arena de la ropa. Le volvió a dar un ataque de risa y lo miré con una mirada de "¿y a éste qué le pasa ahora?"
-Me estoy acordando de el chillido y el salto que has pegado cuando he dicho lo de la moto -dijo entre risas
-¡Idiotaaa! ¡Te voy a matar! -le di pequeños golpes en el hombro y me retuvo por las muñecas abrazándome por detrás. Inmediatamente dejé de resistirme. Se estaba genial así, ojalá pudiera parar el tiempo y quedarme así con él por siempre.
-Venga bebé, que no llegamos a tiempo. 
Me soltó y un viento frío me dio justo donde había estado él momentos atrás. Comenzó a caminar hacia un edificio de apartamentos y lo seguí. Cuando llegó a la puerta sacó unas llaves de su bolsillo y la abrió. Varias preguntas pasaron por mi mente. ¿Quién vivía en este edificio? ¿Por qué tenía él llaves? ¿A dónde exactamente me estaba llevando? Subimos al ascensor y pulsó el botón 8, la última planta del edificio. Cuando las puertas se abrieron, me esperaba ver un rellano con un par de puertas que dieran a las casas. Pero en lugar de eso, ante mí apareció una terraza enorme decorada con globos aquí y allá. Me dirigí hacia la barandilla de la terraza asombrada. Desde ahí se podía ver toda la pequeña ciudad en pleno atardecer. Saqué mi móvil del bolso e hice una fotografía. Era una imagen preciosa.
-Sabía que te iba a gustar
Me giré hacia la voz en mi espalda y sonreí. 
-Me encanta, gracias
Se apoyó también en la barandilla y nos quedamos ahí por un rato. No sé cuánto tiempo había pasado cuando escuché unas voces. Me giré y me encontré con dos chicos y dos chicas saliendo del ascensor.
-¡Ya estamos aquí! -gritó alegremente una chica rubia que venía de la mano de uno de los chicos.
-¡Ya era hora! Habíamos quedado a las ocho y veinte y son las nueve menos cuarto -dijo Dani a mi lado. 
Me quedé petrificada. ¿Quiénes eran? ¿Y por qué había quedado Dani con ellos justo hoy en nuestra.... Antes de que pudiera terminar la pregunta en mi cabeza me di cuenta: Dani no me había pedido una cita, me había dicho que me llevaría a un sitio para mi cumpleaños. Y al parecer había invitado a sus amigos a celebrarlo. Me entraron ganas de llorar, y las lágrimas se agolparon en mis ojos. Pero no podía permitir que salieran. Al menos no en ese momento. ¿Cómo había podido ser tan idiota? 

Nota mental: no puedo hacerme ilusiones tan fácilmente. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Capítulo 4

A la mañana siguiente me desperté bastante tarde, tal y como a mí me gustaba. Era verano y no tenía ninguna prisa, así que me quedé vagueando un rato más en la cama. No había tenido ninguna pesadilla esa noche y estaba de muy buen humor por ello. No eran muchas las noches en las que dormía en paz todo el rato.
Ahí tumbada en la cama, me vino a la cabeza el recuerdo de Dani y no pude evitar sonreír como una tonta. Ayer estuve muy a gusto con él y no podía esperar el momento de volver a verle, de volver a ver su sonrisa encantadora y de volver a sentir su mirada fija en mí.
Cuando ya estaba totalmente despierta me levanté de la cama y bajé a la cocina. Mi madre estaba ahí, cocinando algo. Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla.
-Buenos días
-Buenos días cariño -me dijo con una sonrisa. Luego frunció un poco el ceño- No tendrás intención de desayunar ¿no? Porque ya estoy empezando a hacer la comida...
-No, tranquila mamá. Ya me sé las normas, si me levanto más tarde de las doce y media ya me espero a la comida.
Sus cejas volvieron a su lugar y su sonrisa volvió a aparecer.
-Bien. Aunque si quieres puedes picar algo.
Me acerqué al armarito de la comida y cogí un par de galletas con chispas de chocolate, mis favoritas . Mientras me las comía fui hacia el salón, donde estaba Javi jugando a la play con mi padre y Pablo viéndolos desde el sofá animando.
-Cuando terminéis esta me toca a mí una partida -dije mientras me sentaba cómodamente en el sofá.
Tras unos minutos estaba con el mando inalámbrico en mis manos e intentando meterle un gol a Javi. Pero era muy difícil, era una patosa con ese juego y lo único que conseguía era meter patadas a los jugadores contrarios. Al final acabamos 3-1 ganando él, por supuesto. Me habían sacado tres rojas, una amarilla y había conseguido lesionar a uno de sus jugadores; eso es a lo que yo llamaba divertirse con el FIFA. Le pasé el mando a Pablo porque era su turno y yo me subí a mi cuarto. Se estaba muy bien con el pijama puesto, pero habría que quitárselo en algún momento. Me puse una camiseta de tirantes y unos pantalones de deporte cortos. Hice la cama y recogí la ropa de ayer que, como siempre, había dejado por ahí tirada. Todo esto no lo hacía tanto por mí sino por mi madre, que se enfadaba cuando lo veía todo desordenado (típico de las madres).   
 

Después de comer me puse mis zapatillas de deporte y me hice una coleta alta dejando mi flequillo de lado suelto. No entendía por qué y sabía que era una tontería, pero tener el flequillo tapándome parte de la cara me hacía sentirme más segura, más invisible.  Cuando me acerqué a Nuna ya estaba dando vueltas alrededor como loca, esperando a que saliéramos a la calle. Estando ya fuera saqué mi teléfono y me puse los cascos para escuchar música mientras corría. Nuna y yo solíamos hacer esto todos los días en el pueblo y ya lo echaba de menos. Además, era una buena forma de empezar a conocer mi nueva ciudad. En todo lo que llevaba ya aquí había salido un par de veces escasas.

Antes participaba en el equipo de atletismo de mi colegio y era bastante rápida la verdad.  Pero dejé el equipo hace un año más o menos, no podía soportar pasar más tiempo de lo necesario por las clases con mis compañeros. A pesar de que conseguía algunos logros para el equipo y nuestro colegio, las miradas que me dirigían desde hace años no cesaban y no pensaba aguantarlas por propia voluntad.

Empecé corriendo despacio, para calentar; pero no tardé mucho en ir más rápido. Sabía que Nuna me estaba siguiendo por detrás, no necesitaba revisarlo. Las piernas empezaban a arderme, pero eso no me hizo detenerme, al contrario, me hizo acelerar para ver hasta dónde podía llegar. La música sonaba a tope en mis oídos y la ciudad iba pasando ante mí a toda velocidad. Pasado un rato vi que había un parque al otro lado de la calle y decidí que sería bueno parar para descansar y que Nuna corriera sola a su aire. Fui ralentizando la velocidad hasta detenerme en el paso de cebra. Nuna me alcanzó rápidamente y se quedó al lado de mis pies, esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Era muy buena y estaba bien enseñada, por eso no me molestaba en ponerla correa casi nunca. Cuando ya podíamos cruzar, atravesamos la carretera ágilmente y me dirigí directa hacia un banco que vi a la sombra del árbol. Tendría que empezar a poner como rutina eso de correr porque al parecer me había oxidado un poco en estos días.  Cuando vi a Nuna correr alegremente por el parque me relajé en el banco, puse en el móvil una de mis canciones favoritas  y cerré los ojos mientras la música llenaba mis oídos.
 
"Prometo abrazarte hasta el último día de mi vida
  prometo despertarme solamente a tu lado
  prometo levantarte después de cada caída
  prometo besarte como nunca te han besado"

Un par de golpecitos en el hombro me hicieron botar de un susto. Abrí los ojos de golpe encontrándome cara a cara con él. Estábamos demasiado cerca, podía sentir su respiración en mi cara y sus ojos clavados en los míos durante unos instantes. De repente pareció como si se despertara de un trance o algo parecido, se apartó y sacudió ligeramente la cabeza. Empezó a hablar, pero era como si le hubieran dado con el mando a distancia al botón de "mute". Me quité uno de los cascos.
-Perdón, ¿puedes repetirlo? No te podía escuchar con la música
-Nah, solo decía que me había parecido que eras tú cuando te vi pasar y al parecer estaba en lo cierto -sonrió de la manera que sólo él sabía y me contagió la sonrisa.
Se sentó al lado mío en el banco, esta vez con más confianza que ayer.
-¿Qué estabas escuchando? -cogió el casco que me había quitado y se lo puso en su oído. En ese momento sonó mi cacho favorito de la canción:

"No es mi culpa poder quererte tanto a mi manera,
  no es mi culpa querer quererte dar una vida entera.
  Y una última cosa que te quiero decir,
  mírame...¡Junto a ti quiero morir!"

Se quitó el casco mientras yo lo miraba expectante para saber si le gustaba.
-Está muy bien, es bonita -puse una pequeña sonrisa triunfante- ¿siempre escuchas rap?
-Bueno, puedo escuchar más estilos pero el rap es mi favorito.

Estuvimos un buen rato hablando sobre música, deportes y de cualquier cosa que se nos ocurriera. Pude averiguar sobre él que le gustaba el pop y su deporte favorito era el fútbol, se pasaba todo el día jugando. Tenía una hermana pequeña de seis años que llegaba en unos días de pasar las vacaciones con sus abuelos y él había llegado hace una semana de Cádiz con unos amigos.

Al rato apareció Nuna en mis pies y solo entonces me di cuenta de que ya había anochecido. Miré el reloj y era tarde, mi madre se estaría preguntando dónde estaba.
-Wow! Pero si ya es tardísimo! Me tengo que ir ya a casa! -dije poniéndome en pie
-Te acompaño -dijo rápidamente mientras también se levantaba, pero luego añadió- bueno, si no te importa, ya sabes, como vivo en la calle de al lado... -esta vez lo dijo con su voz un poco más temblorosa, como nervioso.
-¿¡Qué me va a importar!? Vamos, ¡¿en qué mundo a las chicas les desagrada que las acompañen a casa?!
Se rió y empezó a moverse hacia nuestras casas.
-Vamos entonces -volvió a sonreír y os juro que no se si podría aguantar más una de esas sonrisas.

Al principio íbamos caminando uno al lado del otro, en silencio,  con Nuna detrás de nosotros. Fue él quien se decidió a romper el silencio.
-Hey y...¿cuántos años tienes? Es que me acabo de dar cuenta de que no te lo he preguntado -dijo rascándose la cabeza, se le veía monísimo haciendo eso!
-Hummm -me quedé pensando un momento- ¿a qué día estamos? -dije sintiéndome un poco idiota
-A 14
-No me lo puedo creer, ¿ya es 14?
-Sii -me dijo aguantándose la risa- y...entonces tienes...
-Mañana cumplo los 16
-¿¡Tu cumpleaños es mañana y no te acordabas?! -en este momento ya no se pudo contener la risa- hay alguien que yo me sé a quién las vacaciones la están perdiendo un pocooo -dijo en tono cantarín
-Bueno sí, me he perdido un poco -notaba como el rojo iba subiendo por mi cara- ¿y tú? ¿cuántos años tienes?
-17
-¿Y cuándo es tu cumpleaños?
-En Marzo, el 4 -en mi cabeza me memoricé el día, no se me olvidaría- ¿tienes planes para hacer con tus padres mañana?
-No, la verdad es que no.
-¿No vas a hacer nada en el día de tu cumpleaños? Eso no lo puedo permitir -le miré expectante, ¿me estaba diciendo lo que pensaba que me estaba diciendo?- Te apetece salir mañana a cenar, conozco un sitio que creo que te gustará
Mi sonrisa no se hubiera podido hacer más grande aunque lo intentara con todas mis ganas.
-Me encantaría
-Eeh, perfecto, pues ¿te paso a recoger a las 8?
-Vale
No me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a mi calle. ¿Ahora qué se suponía que tenía que hacer? ¿le daba dos besos, un abrazo o simplemente me despedía y ya? Me decanté con la tercera opción ya que no quería que pensara otra cosa.
-Mmm bueno pues hasta mañana -levanté la mano en despedida y me metí en mi calle hacía mi casa.
-Hasta mañana Alex
Esperó hasta que me metí en mi casa y entonces se fue.

En cuanto Nuna y yo ya estábamos en casa subí a mi cuarto corriendo, necesitaba llamar a Cris ¡Urgentemente!


----------------------------------------
Por si alguno quiere escuchar la canción que estaba escuchando Alex os la añado aquí ;)

miércoles, 6 de agosto de 2014

Capítulo 3

Alex
Sentía el agua fría por todo mi cuerpo y otra vez esa sensación de ahogo en mi garganta. Entré de nuevo en pánico. No recordaba cómo había caído ahí. ¿Qué había pasado? Mis ojos empezaron a cerrarse y de repente le vi. Tenía el pelo aplastado por el agua, y gotas de agua corriendo por toda su cara. Sus ojos mostraban preocupación, pero en ese momento había olvidado cualquier cosa por la que se pudiera ver así. ¿Te encuentras bien?
Me desperté. Estaba tumbada en mi cama y lágrimas corrían de mis ojos. Ha sido un sueño me repetí, ha sido un sueño. Me levanté y fui al baño a limpiarme la cara. Me miré en el espejo y le sonreí ligeramente a mi reflejo. Habían pasado dos días desde el accidente en la piscina y no había querido salir al jardín en ningún momento. A pesar de eso, estuve todo el tiempo asomada a la ventana de mi cuarto a ver si veía al chico en el jardín. Pero él tampoco salió.
Quería darle las gracias, me decía a mí misma, pero por dentro sabía que no era solo eso. Quería volver a ver sus ojos castaños mirándome fijamente y volver a sentir sus manos alrededor de mi cintura. Volver a escuchar esa voz cálida que me hacía sentirme segura. Sí, lo sé, sólo le había conocido por unos instantes, pero había sido suficiente para no dejar de pensarle.

Escuché ruidos del piso de abajo. Mis hermanos, por supuesto, ya estaban en pie. No entendía cómo se levantaban a esas horas, con lo que me gustaba a mi dormir. Bajé a la cocina. No había nadie ahí, ya habrían desayunado todos así que me preparé dos tostadas y calenté una taza de leche. Cuando ya estaba sentada y comiendo las tostadas saqué el móvil para llamar por skype a Cris. Seguíamos en el mismo país, así que también podría llamarla por teléfono normal y corriente. Pero hablábamos muchas veces durante bastante tiempo, así que cuando estábamos juntas en el pueblo nos acostumbramos a usar internet siempre que pudiéramos, para no tener que pagar tanto dinero. Lo cogió al segundo tono. En serio, esa chica estaba todo el día con el móvil en la mano, casi parecía una prolongación de su cuerpo. Lo alucinante es que siempre te prestaba atención y se enteraba de todo, aunque no lo pareciera.  Al segundo de ver a Cristina en la pantalla sonreí. Ahí estaba mi amiga de nuevo.
-Holaa -dijo con voz cantarina- ¿qué tal?
-Hola fea   -contesté para picarla- ahí vamos ¿y tú qué tal?
-No voy a hacerle caso al comentario de fea -dijo con una sonrisa aunque ésta no llegaba a sus ojos. En ellos se veía preocupación- ¿qué ha pasado?
-He tenido una pesadilla con lo de la piscina -le dije recordando lo agobiada que me había sentido en la cama, como si todo fuera verdad.
-¿Con lo de hace un par de días? -por supuesto, a Cristina le había contado todo al día siguiente, el día que pasó no me sentía con fuerzas de nada y fui a la cama sin siquiera cenar.
Asentí con la cabeza.
-Oh cariño, lo siento mucho -me miró con tristeza- pero ¿y qué, te ha salvado de nuevo el chico? -dijo levantando las cejas arriba y abajo.
Me sonrojé un poco pero aun así me reí, Cris siempre sabía cómo animarme.
-¿Lo has visto ya?
-No, aún no
-Bueno pues cuando lo veas le haces una foto y me la envías eh?
-Claro, cómo no. Me acerco a él y le digo "oye, muchas gracias por salvarme el otro día. Por cierto, ¿me dejas hacerte una foto? Es que mi pervertida amiga quiere darte el visto bueno"
-Hombre, yo utilizo otras formas de ligar al principio pero tú inténtalo, a lo mejor te funciona -me dijo guiñándome el ojo
Puse los ojos en blanco y me reí fuerte
-Bueno, te dejo que tengo que comprar algo que ponerme para mi cita de esta tarde -dijo sonriente. Ayer le pidió salir el chico por el que lleva pillada las dos últimas semanas. Me da pena no poder acompañarla de compras como hacemos siempre, pero no digo nada, ella está ilusionada y no puedo estar todo el día recordando que esas cosas las hacíamos juntas antes.
-Vale, cómprate algo sexy y pásatelo muy bien por la tarde. Ya me contarás mañana qué tal ha ido todo.
-Por supuesto. Chau! -hizo el ruido de un beso y colgó.
Me bebí el último trago de leche que me quedaba en la taza y me levanté.


Por la tarde ya me había decido por salir al jardín. No podía dejar que lo que pasó hace un par de días me controlara demasiado. Me puse el bikini aunque claro está, no me iba a bañar; pero me gustaba tumbarme en la toalla a leer y con el bikini ya de paso tomaría un poco más el sol. Cogí mi e-book y la toalla y salí al jardín. Me tumbé donde daba el sol y comencé a leer. Estaba leyendo "Hey idiot, I love you", lo había empezado ayer y me encantaba. Estaba metida en el libro, riéndome por las tonterías de Luc, me encantaba la pareja que haría con Nastia; cuando de repente escuché una voz a mi espalda.
-¿Qué libro estás leyendo?
Me giré y ahí estaba él. Iba con un bañador y la toalla enrollada al cuello. Tragué fuerte. Como iba sin camiseta, se le veía la tableta bien esculpida Mmm este es un dato que le gustará saber a Cris me dije en la cabeza, pero enseguida me di cuenta de en lo que estaba pensando y me sonrojé. Subí rápido la vista, esperaba que no se hubiera dado cuenta de que lo estaba mirando. Pero en cuanto sus ojos hicieron contacto con los míos, supe que debería haberme quedado mirando los abdominales.
-Eh, humm -mierda, estaba titubeando!- Hey idiot, I love you
Sonrió y contestó -Lo siento, no me suena
-Eh no, no es muy conocido, pero es un gran libro, a mi de verdad me encanta -le devolví la sonrisa aunque estaba segura de que el rojo de mi cara aún no se habría ido.
La sonrisa se le fue un poco de la cara y un destello de duda pasó por sus ojos
-¿Te importa si me siento a tu lado? -¿era eso por lo que se veía nervioso? ¡qué mono por dios!
-¡Para nada! Siéntate -le di una amplia sonrisa y vi cómo su nerviosismo desaparecía reemplazándolo por una sonrisa enorme y encantadora.
Colocó su toalla cerca de la mía pero dejando un cacho de separación.
En ese momento me acordé de la principal razón por la que quería verle y sin poder evitarlo me puse rígida. Me incorporé de la toalla para sentarme mirando hacia su lado, mientras él se sentaba en la suya pero de una forma mucho más casual.
-Eeeh, bueno yo... -miré hacia abajo mientras hablaba, mis manos arrancando hebras del césped por puro nerviosismo. Pero podía notar que él me estaba mirando a mí directamente y eso me hacía sentir...¿extraña? ¿diferente? No podría describir cómo me sentía en ese mismo momento- Quería darte las gracias -por fin las palabras salieron de mi boca- Ya sabes, por lo del otro día. Si no hubiera sido por ti me habría ahogado en esa piscina... -mi mirada fue hacia la piscina, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Cuando volví la vista hacia él ya no me estaba mirando. Tenía la mirada perdida y su cuerpo se había tensado.
-Por favor, no vuelvas a darme las gracias por eso -lo miré un poco confundida y abrí la boca para contestar, pero realmente no sabía qué decir- yo sólo hice lo que cualquier persona que lo hubiera visto habría hecho. -continuó- Y, no sabes el susto que me diste cuando te vi inconsciente en el agua -le miré a los ojos y esta vez sí pude reconocer la misma mirada que me dio cuando desperté apoyada en sus piernas.
Los recuerdos volvieron de golpe a mi mente y mordí mi labio inferior para frenar las lágrimas. No soportaba cuando la gente me veía llorando. Pero para mi desgracia, era de lágrima fácil, por eso sabía maneras de intentar dejar de llorar. Levanté la vista hacia el cielo y apreté los dientes más, hasta que sentí el metálico sabor de la sangre en mi boca.
-Eh! ¿estás bien? -me preguntó tiernamente. Le miré y todavía tenía esa mirada en sus penetrantes ojos. Se acercó más y colocó su mano en mi mejilla, limpiando con su pulgar la sangre de mi labio. Sentía un cosquilleo ahí por donde su dedo pasaba. Cuando fue a apartarse de nuevo coloqué mi mano sobre la suya. No estaba preparada para perder su contacto. Nos quedamos así, mirándonos fijamente a los ojos hasta que estaba más tranquila y las ganas de llorar habían pasado. Le sonreí y sus músculos se relajaron notablemente, sus ojos dejaron de mostrar esa preocupación y su boca subió por las comisuras formando una gran sonrisa. Solté a regañadientes su mano y él finalmente la dejó caer lentamente hasta colocarla en la toalla.
-Por cierto, -dije esta vez relajada y alegre- aún no se cómo te llamas.
-Dani
-Vale, yo soy Alejandra pero prefiero que me llamen Alex
Asintió -Escuché cuando te llamaba así la señora que vino corriendo. Era tu madre, ¿no? Os parecéis mucho.
-Sí, es mi madre. Se puso un poco histérica al verme.
-Normal. Yo también me habría puesto así si fuera mi hija.
Le di la razón. La reacción de mi madre había sido totalmente normal, y más aún recordando lo pasado hace años.
Pablo apareció corriendo hacia donde estábamos sentados.
-Dani, te presento a Pablo, mi hermano pequeño
-Hola campeón! ¿Cuántos años tienes?
-Holaa -dijo con la voz de niño tan adorable que tiene- cuatro años -y mientras lo decía enseñaba su mano con cuatro dedos fuera.
-Alaa! ¿ya cuatro? ¡Qué mayor!
Pablo sonrió, le encantaba cuando le decían que era muy mayor.
-Bueno, ¿Qué querías decirme enano? -pregunté hacía el niño.
-Mamá dice que vuelvas ya a casa
-Vale, ya voy para allá -le aseguré, asintió con la cabeza y salió corriendo de vuelta.
-Pues bueno, -dije mirando a Dani- me tengo que ir ya.
-Sí, ya nos veremos por aquí
Sonreí, cogí mis cosas y me fui. A mitad de camino me giré hacia él y hice el gesto de adiós con la mano.
-¡Adiós! -grito de vuelta
Y esta vez sí que me fui hacia mi casa sin detenerme, pero con una sonrisa en la cara difícil de quitar.