jueves, 25 de septiembre de 2014

Capítulo 7

Me asomé al balcón de mi habitación. Desde ahí podía ver todo el jardín, era genial. Escuché ruido de agua y miré hacia la piscina. Ahí estaba él, nadando a toda velocidad de un lado a otro. Decidí salir al jardín por lo que entré a mi cuarto a ponerme el bikini.
Esa mañana me había levantado pronto, las pesadillas no me dejaban dormir mucho. Ya estaba harta de recordar tantas veces lo mismo. Esa sensación de ahogo que me llevaba agobiando desde los cinco años.
Cuando vi que no podría volver a dormirme saqué el ebook para seguir leyendo. Solo paré para desayunar y ponerme un chandal. Luego continué leyendo hasta terminármelo. Definitivamente "Hey idiot, I love you" era uno de mis libros favoritos.
Me puse mi bikini verde azulado y me hice una coleta alta. Cogí la toalla, el móvil y los cascos y salí al jardín.
Fui caminando por el césped con la mirada fija en la piscina aunque, para ser más exactos, en Dani. Su cabeza se movía de un lado a otro mientras nadaba y los brazos entraban y salían del agua a toda velocidad. Me quedé embobada un buen rato, hasta que me di cuenta de que paraba en un lado a coger aire y su mirada viajó hasta donde yo estaba. Cuando me vio mostró una gran sonrisa y me saludó con la mano.
-¡Hola! -gritó desde la piscina- vente al agua, ¡está buenísima!
Un pequeño nudo se me hizo en la garganta y unas pocas lágrimas amenazaron con salir. Parpadeé rápidamente para hacerlas desaparecer y luego negué con la cabeza, mostrando una pequeña sonrisa. Seguí caminando hacia una zona donde daba el sol a dejar la toalla y él volvió a nadar.
Me tumbé boca abajo y me puse los cascos. La música inundó mis oídos y comencé a cantar muy bajito. La tristeza que me había abordado hacía unos segundos desapareció.
No se cuanto tiempo había pasado tal vez horas, tal vez un par de minutos, (casi seguro que la segunda opción) cuando apareció una toalla extendiéndose a mi lado, y acto seguido un chico se tumbó en esta.
-Hola -le leí los labios y mientras me quité los cascos.
-Hola-sonreí
-El agua estaba muy buena, podrías haberte dado un baño.
La piel se me puso de gallina. ¿Lo estaba haciendo aposta? No, no creo. Conozco poco a Dani, pero lo suficiente para saber que no me haría eso.
Me encogí de hombros -No me gusta bañarme
Cambiamos de tema y estuvimos un rato hablando de cosas sin importancia, hasta que sus ojos cayeron en mi cintura, cerca del ombligo.
-¿Qué es eso de ahí? ¿Una cicatriz o una marca de nacimiento?
-U-una marca de nacimiento -titubeé. No me gustaba mentirle, pero con el tiempo había aprendido que la gente es muy curiosa, y si contestaba que era una cicatriz empezarían a preguntar cómo me la hice, y no quiero recordarlo.
-Ah, pensé que era una cicatriz -acercó su mano a mi ombligo y un escalofrío me hizo estremecer al sentir sus dedos sobre mi piel.
Me miró con una sonrisa juguetona en la cara, oh no, ¿ahora qué? ¿Habría notado que me había estremecido por su contacto?
-¿Tienes cosquillas? -bueno, definitivamente que pensase eso era mejor que la verdad...pero antes de que me diera tiempo a decir nada comenzó a mover sus dedos con rapidez por todo mi estómago y yo me retorcí y reí a carcajadas.
Intenté moverme pero rápidamente se colocó encima mío para que no pudiera escapar. Después de varios minutos riendo, paró para descansar y coger aire. Colocó los brazos a ambos lados de mi cabeza y lo único en lo que podía pensar era en lo cerca que estábamos. Podía sentir su respiración agitada golpeándome y sus ojos mirándome fijamente. Su cuerpo sobre el mío intentando no aplastarme demasiado y sus labios abriéndose y cerrándose cada poco tiempo para respirar.
Tenía que dejar de pensar que a solo unos centímetros tenía su boca, que con moverme un poco podría estar besando esos labios.... Tenía que hacer algo antes de volverme loca.
Pensé e hice lo primero que se me ocurrió. Aprovechando que estaba distraído coloqué mis manos sobre su pecho, intentando no pensar mucho en lo firme que era, y lo empujé lejos de mí. Me levanté lo más rápido que pude y salí corriendo por el jardín.  Escuché unos gritos y pasos cerca, miré por encima de mi hombro y vi a Dani corriendo detrás de mí. Chillé como una niña pequeña y continué corriendo pero Dani no tardó mucho en alcanzarme. Sentí sus brazos rodeándome por la cintura por detrás y volví a chillar. De repente mis pies dejaron el suelo y me encontré subida a su hombro como un saco de patatas. Me entró la risa floja por sentir la presión sobre mi tripa.
-De-déjame...suelta...!! -grité entre risas mientras pataleaba y le golpeaba la espalda.
-Sí, si te dejaré, pero en la piscina
-¡¿QUÉ?! -la risa paró de golpe- NO, NI SE TE OCURRA. SUÉLTAME. BAJAME -seguí golpeando pero esta vez no lo hacía en broma.
Sentí como Dani caminaba conmigo encima en dirección a la piscina y me entró un dolor de tripa terrible. Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas pero no podía permitir que me viera llorar, no otra vez. Intenté mantener la calma y coger aire, aunque era difícil.
Paró de golpe y cerré los ojos esperando el terrible momento. En cambio, me movió despacio hasta que quedé cuerpo con cuerpo, sus brazos alrededor de mi cintura y los míos alrededor de su cuello, donde estaba enterrada en mi cabeza. Bajé los pies al suelo y me di cuenta de que estábamos en el bordillo de la piscina. Hundí la cabeza con más fuerza, temblando incontrolablemente.
-Po-por favor Dani -susurré- no me tires al agua. No se nadar.
-No vas a necesitar nadar -sus brazos se apretaron más a mi cintura y saltó a la piscina, llevándome a mí a rastras.
En el momento en que sentí el agua por todo mi cuerpo, las imágenes me vinieron a la mente. Rodeé a Dani con mis piernas por la cintura e intenté borrar los recuerdos.
No tardamos ni dos segundos en sacar la cabeza a la superficie y cogí aire. Mi cabeza no se había movido del hueco entre el hombro y el cuello de Dani en ningún momento.
-No pasa nada Alex -me dijo al oído para tranquilizarme- el agua no nos cubre mucho más del estómago. No vas a hundirte.
-Por favor...Dani...sácame...de...aquí -las palabras salían con dificultad.
No soy tonta, sabía que no me iba a hundir ya que el agua no llegaba a cubrirme ni los pechos. Pero las imágenes en mi cabeza me estaban aterrando, acechando a cada segundo y no podía soportarlo.
Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos cuando ya no pude contenerlas por más tiempo.
-Esto no es solo porque no sabes nadar, ¿no?
Negué con la cabeza.
No necesitó nada más. Caminó conmigo, subida como un koala, hacia las escaleras de la piscina. No tenía fuerzas para soltarle, pero por suerte no hizo ningún amago de ello. Subió sin aparente dificultad y me llevó hasta donde estaba la toalla. Me dejó en el suelo de pie con delicadeza y se agachó a coger la tela. La envolvió sobre mis hombros, sin apartar la mirada de mis ojos en ningún momento. Cuando ya estaba cubierta, sin ningún tipo de aviso, me abrazó con fuerza. Al principio estaba un poco tensa por la sorpresa, pero no tardé mucho en relajarme en sus brazos, apoyando la cabeza en su pecho.
-Yo... -comenzó a hablar después de un rato- lo siento mucho Alex. No sabía....
-No -negué interrumpiéndolo- no pasa nada, en serio. Sé que no lo hacías con malas intenciones.
Y en verdad lo sabía, creía firmemente que no lo había hecho aposta.
Se separó un poco de mí para mirarme a la cara.
-Si...si hubiera sabido que pasó algo...
Sentí que debía decirle. En realidad no quería, pero yo creo que merecía una explicación a mi reacción.
-Tenía...tenía cinco años... -paré para respirar. Esto se estaba haciendo más difícil de lo que pensaba. Cogí aire para seguir hablando pero cuando le miré a los ojos me quedé callada. Estiró su mano hacia mí y recogió un mechón de pelo tras mi oreja.
-No hace falta que me lo digas ahora. Pero quiero que sepas que cuando estés lista estaré ahí para escucharlo -su mirada era sincera, al igual que la sonrisa de agradecimiento que apareció en mi cara tras aquellas palabras. En realidad no estaba segura que que hubiera podido contarlo todo.
-Gracias -susurré- creo que me voy a ir a casa.
Él asintió con la cabeza y me dio un beso en la mejilla.
-Descansa Alex -me dijo al oído antes de separarse.
Mi corazón se derritió ante aquellas palabras. Como siguiera diciendo cosas de ese estilo me acabaría enamorando de él.
Pero bueno, en serio, ¿a quién quería engañar?
Ya me había enamorado de él.