jueves, 24 de julio de 2014

Capítulo 2

Alex
Cuando llegué a mi nueva casa, hace una semana, simplemente me encantó. El barrio me pareció perfecto, la casa era grande pero la vi muy acogedora y mi cuarto…mi cuarto era justamente lo que yo quería. Pero, sobre todo, la casa me gustaba porque estaba bien lejos de lo que tanto tiempo llevaba intentando olvidar.
Estaba tumbada en el césped de la urbanización, sumergida en mi mundo escuchando música. Suspiré. Qué tranquilidad. Esto era el paraíso. De repente noté a alguien cerca y abrí los ojos encontrándome con Pablo llorando. Me quité rápidamente los cascos de música y me incorporé.
-¿Qué ha pasado?-estiré el brazo para secarle las lágrimas
-Mi pe-pelotaaaa!! –gritó entre sollozos
Miré por el jardín en busca de la pelota y al final la vi en la piscina. Todos mis pensamientos se paralizaron.
-¿No puedes jugar a otra cosa? 
El niño negó con la cabeza. Mis padres no estaban en casa, habían ido a apuntar a Javi al fútbol de la ciudad. Solo estaba yo al cargo de Pablo y por lo que veía tendría que recuperar la bola. Me levanté y caminé hacia la piscina dejando a Pablo en la toalla. El jardín era enorme. El verde del césped salpicado de pequeñas flores y algunos árboles, con el sol reflejándose en el agua azul…era una imagen preciosa. Habría estado un rato maravillándome  si no hubiera sido porque me estaba acercando cada vez más a la piscina. El camino se me hizo todavía más largo de lo que era. Hacía muchísimo tiempo que no me acercaba tanto a una piscina. Cuando llegué al bordillo me paré y me agaché temblorosa. Esperaba no caerme. Estiré el brazo aun temblando para alcanzar la pelota. Un poco más. Un poco más….y de repente sentí el agua fría por todo mi cuerpo. ¡No! ¡Mierda, mierda! Saqué la cabeza intentando mantenerme en la superficie, pero era inútil, no sabía qué hacer, estaba aterrorizada.
-¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Que alguien me ayude! ¡No sé nadar! –grité desesperada, pero me temía que nadie me habría oído, no se veía a ninguna persona alrededor.
Me empecé a hundir. Una agonía muy profunda se instaló en mi pecho. Lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos mezclándose con el agua y desapareciendo. ¿Así sería mi final? ¿En serio? No, tenía que estar exagerando. No podía terminar todo tan pronto, tan solo tenía quince años, no podía, simplemente no podía ser así. O, puede que sí. Sin siquiera darme cuenta ya no podía mantener los ojos abiertos. Mi cuerpo seguía cayendo lentamente hacia el fondo de la piscina. Me pareció escuchar un zambullido, pero no sé si serían invenciones mías. A lo que a mí me pareció una eternidad, noté a alguien agarrándome por la cintura. En cuanto las manos hicieron contacto con mi piel por debajo de la camiseta sentí algo, me parecía como  si se hubiera producido una chispa bajo el agua. ¿Una chispa bajo el agua? Por dios, ya estaba delirando… Intenté agarrarme a la persona misteriosa, pero mis brazos no respondían. Y ya, sin poder evitarlo, perdí el conocimiento. Dejándome en manos de esa persona, que esperaba que no hubiera sido producto de mi imaginación.

Dani
Me asomé a la terraza al oír a un niño gritar. A tiempo para ver a una chica dejando al niño en la toalla y caminando por el jardín. Parecía asustada, aún desde donde estaba yo se la veía temblando y mirando a la piscina con cara de horror. No entendía el por qué, pero claro, no la conocía. Ni siquiera la había visto antes en la urbanización. Se me ocurrió que podía vivir en la casa de enfrente, la acababan de vender cuando me fui de vacaciones y cuando llegué hace un par de días ya se habían mudado. Volví mi atención a la chica, vi que se agachaba en el bordillo de la piscina y me di cuenta de que había una pelota en ella. Observé cómo estiraba el brazo para coger el balón y cómo se cayó. Antes de que pudiera soltar una carcajada por la caída, la vi sacando la cabeza para pedir ayuda. Oh no, ¿se estaba ahogando? Bajé lo más rápido que pude las escaleras que conectan la terraza de mi casa con el jardín y sin dudarlo un solo segundo cogí aire y me tiré a la piscina. Una vez estaba sumergido busqué a la chica y la vi ya con los ojos cerrados, bajando hacia el fondo. Buceé hasta donde ella estaba y la agarré por la cintura, su camiseta se había levantado un poco por lo que mis manos hicieron contacto directo con su piel. Una oleada de calor se extendió por mi cuerpo en cuanto la toqué. Pero no podía pararme a pensar qué había sido eso, tenía que sacarla de ahí. Me asusté al ver que se había desmayado. No podía perder más tiempo. Tiré de su cuerpo hacia la superficie. Cuando mi cabeza salió del agua cogí aire profundamente, la subí al bordillo y cogí impulso para subirme yo. La separé del bordillo y la tumbé en el césped rápidamente. No sabía qué hacer, así que hice lo que había visto en las películas tantas veces: presioné mis manos contra su abdomen varias veces, hasta que empezó a toser y a escupir el agua que debía haber tragado. Solté el aire que sin darme cuenta había estado conteniendo y la incliné ligeramente para poder apoyarla en mis piernas. No había abierto los ojos pero notaba en su respiración cómo se tranquilizaba poco a poco. Me permití mirarla unos segundos. Tenía el pelo negro que le llegaba hasta la altura del ombligo; llevé mi vista hacia sus labios, los tenía abiertos ligeramente para respirar mejor, seguí mirándolos y sentí unas ganas tremendas de besarlos, me detuve. ¡¿Pero en qué diablos estaba pensando?! Acababa de estar a punto de ahogarse ¡¿y yo pensaba en besarla?! Dejé de mirar sus labios para no tentar a la suerte, tragué fuerte y decidí que lo mejor sería hablar.
-¿Te encuentras bien?-pregunté
Me empecé a preocupar cuando vi que la respuesta no llegaba. Me acerqué más a ella, seguía respirando, entonces, ¿por qué no respondía?
-¿Hola? ¿Me escuchas? ¿Estás bien?
-Sí -fue lo único que salió de su boca pero aun así me tranquilicé bastante.
De repente, abrió los ojos de par en par, eran verdes, preciosos, nunca había visto unos ojos así. Me miró fijamente durante unos segundos y abrió la boca despacio para hablar.

-¡¿QUÉ HA PASADO?! -esa voz no la pertenecía a ella, miré hacia la izquierda para ver a una señora corriendo. Tenía el mismo pelo negro que la chica y la misma forma de la cara, pero los ojos eran diferentes, los de la señora eran muy oscuros aunque no podría decir de qué color eran a esta distancia.
Bajé la mirada a la chica, estaba mirando a la que debía ser su madre y se incorporó.
La mujer nos alcanzó y agarró a la chica dulcemente por la cara -Alex cariño, ¿estás bien? ¿qué ha pasado?
Alex. Me quedé con el nombre de ella. Me gustaba.
Alex no contestó, se limitó a cerrar los ojos y su madre la envolvió en un abrazo.
Empezaron a caminar hacia su casa, dándome la espalda y yo me quedé mirándolas, sin saber qué pensar. Tras unos pasos, la madre se giró -Gracias -me dijo con una débil sonrisa en su boca pero agradeciéndolo más de lo que parecía con sus ojos.
-No hay que darlas - le devolví la sonrisa y me levanté para volver a mi casa al ver que ellas seguían su camino.
Me cambié de ropa ya que estaba empapado y salí de casa hacia donde había quedado con mis amigos. Todo el tiempo sin poder sacarme una cosa de la cabeza: ella.