Me desperté al escuchar el móvil. Lo cogí y vi que era Cris. Pulsé el botón verde para contestarla.
-hola-dije en cuanto descolgué
-¡hola dormilona!
-¿cómo sabes que estaba durmiendo?-pregunté todavía adormilada
-lo he notado en tu voz-se limitó a decir
-pero...si solo te he dicho hola...
-¿y? Alex cariño, soy tu mejor amiga. Sé cómo estas en cuanto me dices una sola palabra o en cuanto te veo-dijo orgullosa
Me reí.
-¿Por qué llamabas?-pregunté
-para saber a qué hora te ibas-me contestó. Su voz sonaba triste, y sabía por qué, yo sentía lo mismo.
-a las 12-contesté
-okay. Pues me pasaré antes
Sonreí aunque no me pudiera ver.
-y aunque llegue tarde -continuó- tú no te marchas de aquí hasta que me despida de ti. ¿Entendido? Porque como llegue a tu casa y ya no estés...te perseguiré, te cortaré en pedacitos ¡y te echaré de comer a Nuna!
Me reí. Nuna era mi perra, era un Yorkshire super tranquila que nunca le haría nada a nadie
-vale, entendido -contesté todavía entre risas
-no sé por qué te ríes tanto. Lo digo totalmente en serio -me dijo aunque también se estaba riendo.
-no lo dudo
-bueno, pues nos vemos luego
-Sip. Hasta luego.
-chau
Colgué. Yo seguía sonriendo. Cris había sido mi mejor amiga desde que tenía siete años. La iba a echar mucho de menos.
Miré la hora, eran las 10, tendría que empezar a prepararme ya. Me levanté de la cama y fui a darme una ducha. Al terminar, me vestí y me dirigí a la cocina para desayunar. Mis padres ya estaban preparando el desayuno y mis hermanos se encontraban en la mesa, esperando.
-buenos días a todos-dije en alto
-¡buenos días!-gritaron mis hermanos a la vez
-buenos días ¿has dormido bien?-me preguntó mi padre
-sí, hasta que me ha despertado Cris-dije en broma.
En realidad estaba muy nerviosa y había conseguido conciliar el sueño no mucho antes de que llamara Cristina.
-¿va a venir a despedirse?-me preguntó mi madre
-sí, llegará en un rato.
-me alegro. Cuando nos instalemos y hagamos todos los líos que hay que hacer le podrás decir que se venga un fin de semana a dormir.
-vale-dije sonriendo
Me tomé el zumo que me tendía mi padre y les ayudé a terminar de preparar el desayuno. La gran mayoría de las cosas ya estaban guardadas así que no pudimos hacer un gran desayuno, pero me valía con un vaso de leche con cereales. Cuando terminé de desayunar, me fui a mi cuarto a terminar de recoger las cosas. Nos íbamos a mudar a una ciudad a unas dos horas de aquí. Me gustaría decir que echaría mucho de menos mi pueblo, el lugar en el que llevaba viviendo toda mi vida...pero solo sería mentirme. Me ha costado mucho volver a ser yo misma desde lo que pasó. Estuve sola mucho tiempo. Hasta que conocí a Cris. Todavía no comprendo por qué, pero con ella me sentía a gusto y se me olvidaba el pasado. Ella sería lo único que extrañaría en este cambio. Pero seguiríamos en contacto y como me dijo mi madre, le podría invitar alguna vez a casa. Solo esperaba que no me fuera muy difícil adaptarme en la nueva casa.
Cuando estaba terminando de recoger, sonó el timbre. Fui corriendo a abrir la puerta y al hacerlo me encontré a una chica guapa, no muy alta, de pelo ondulado y rubio, con unos ojos color miel.
-¡Cris!-grité en cuanto la vi
-¡Alex!-soltó una carcajada y me abrazó. Parecía que lleváramos siglos sin vernos cuando solo hacía un día.
-¿Ya estás lista?-me preguntó
-Casi. Ven, vamos a mi cuarto y me ayudas a guardar las últimas cosas.
Una vez en mi cuarto, empezamos a recoger lo que me quedaba. Estábamos calladas. No sabía qué decir, y estaba segura de que como empezáramos a hablar lloraría.
Por fin, cuando terminamos de colocarlo todo, nos sentamos en mi cama. No pude aguantarlo más, me lancé a abrazarla y ella me agarró con fuerza. Empecé a llorar, no quería hacerlo, pero es que la iba a echar mucho de menos. Desde que nos hicimos amigas la veía casi todos los días, y pasar ahora a solo vernos algún que otro fin de semana...se me haría muy duro. Cuando nos separamos, nos miramos y medio sonreímos.
-va a ser tu primer cumpleaños desde hace mucho tiempo que no te voy a ver-dijo triste.
-¡es verdad! ¡casi se me había olvidado!-dije sorprendida.
Nos reímos.
-pues como verás yo no me he olvidado -dijo levantándose de la cama hacia su bolso- te he comprado algo, pero me tienes que prometer no abrirlo hasta tu cumple-me tendió una bolsita con un paquetito dentro.
Cogí el paquetito y puse una mueca -¡pero si mi cumpleaños no es hasta dentro de dos semanas! ¡no voy a poder aguantar!
-tendrás que hacerlo
-¿¿por quéé?? -lloriqueé un poco para ver si cedía
-porque soy tu mejor amiga, y te lo pido
Suspire -esta bieeeen -sonreí- ¿qué es?-pregunte riéndome
-¡No te lo voy a decir!-exclamó
-jooo -volví a lloriquear
-venga niña impaciente, guárdalo en la mochila que tus padres estarán esperando
Ya estábamos terminando de guardar las cosas que quedaban en el coche. Mis hermanos se montaron esperando que nos fuéramos. Pablo solo tenía cuatro años, todavía no se enteraba mucho de lo que pasaba; pero Javi ya tenía diez años, y para él, mudarse teniendo sus amigos aquí, no era lo que más le ilusionaba. Me sentía un poco mal por ellos. Me acerqué a Cris.
-Bueno, ya ha llegado la hora -le dije con los ojos a punto de soltar más lágrimas.
-Sí. Eso parece -me dijo notablemente triste.
La abracé fuerte.
-Te echaré de menos
-Y yo a ti-contesté
-A ver si allí, por fin, encuentras al chico que te imaginas tantas veces-bromeó para suavizar la situación.
-Puff. ¿Cuál de ellos? -pregunté recordando la de veces que me inventaba historias "cursilonas", como las llamábamos nosotras, de chicos guapos y románticos que conocía de formas variadas. Luego siempre iba a contárselas y ella me escuchaba atentamente, por pesada que fuera -¡¿ahora a quien le voy a dar la lata con ellaaas?!
-ya me las contarás por skype cuando hablemos
-eso ni lo dudes -puse una sonrisa pícara
Resopló y puso los ojos en blanco -no me libro ni cuando te marchas -dijo bromeando
-venga, si en verdad te gustan
No le dio tiempo a replicarme a eso, mi padre se acercó.
-¿Estás lista?
-Sí, ya voy.
Volví a abrazar a Cris.
-Adiós
-chau, avísame cuando llegues
Me fui hacia el coche, abrí la puerta y antes de entrar sacudí la mano para despedirme. Ella me respondió de la misma manera. Me subí al coche y mi padre arrancó. Comenzando de esa manera el viaje a mi nueva vida.
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